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IMPRESIONES DE UN VIAJE. 2


Después de las emociones de la visita del Papa a Santiago de Compostela, donde tuvimos la oportunidad de acompañarle, sabíamos que nos esperaban aún alegrías mayores cuando aquel mismo sábado viniera a Catalunya.

Nuestro avión salió más tarde y llegamos ya de noche a Barcelona, mientras recibíamos noticias de la llegada de Benedicto XVI al Arzobispado, junto al cual ya le esperaban los primeros jóvenes entusiastas para aclamar su presencia.
Al final llegó el domingo, el día tan esperado. Desde el primer asiento del autobús que nos conducía a la Sagrada Familia pude ver muy bien los rostros felices de tanta gente que esperaba para aclamarle a su paso.

En realidad todo se vivió como una fiesta, y así me lo han comentado muchas personas no sólo de las que vieron al Papa en directo sino de aquellas, muchas más, que vieron los actos por televisión o por las pantallas gigantes que había a lo largo de las calles de Barcelona. Los obispos catalanes, sentados en la ceremonia inmediatamente detrás de los cardenales, pudimos ver muy cerca a Benedicto XVI y gozar, como todos, del esplendor de la Sagrada Familia, sobre todo en el momento impactante, en que encendió todas sus luces.

No voy a contar lo que millones de personas pudieron ver, sino referir algunas impresiones personales y entre ellas debo destacar, aparte de la agradable sorpresa de ver mucha presencia del catalán, el momento en el que, como el mismo Papa y los demás obispos, ungí con óleo una columna de la Sagrada Familia en la liturgia de dedicación de la nueva basílica.

También con satisfacción escuché las palabras pontificias dedicadas a Antoni Gaudí, un elogio particularmente emotivo para el arzobispo de estas tierras que le vieron nacer y crecer en su infancia. Fue muy bello lo que dijo de este artista universal cuyo proceso de beatificación se ha iniciado.

Las cámaras se asomaron menos al almuerzo que se celebró en el Arzobispado de Barcelona. Puedo decir que transcurrió de modo que permitió ver la sencillez y amabilidad del Papa en todos sus gestos. Recuerdo, por ejemplo, el momento del brindis propuesto por el cardenal, y predecesor mío en Tarragona, Lluís Martínez Sistach, así como el momento en el que sacaron el gran pastel de chocolate que representaba el templo de la Sagrada Familia, junto al que el Papa y quienes lo trajeron se hicieron fotografías. Los alumnos de la Escola d’Hosteleria de Sant Ignasi, sirvieron las mesas con mucha profesionalidad.

La jornada, como es sabido, continuó por la tarde con la visita papal a la institución benéfica “Nen Déu”, llena de emotividad por la relación que estableció con los discapacitados allí acogidos, y con la despedida en el aeropuerto. Se notaba que se iba feliz después de este segundo viaje a España, precedente del que efectuará el año próximo a Madrid para presidir la Jornada Mundial de la Juventud.

Creo que nadie de los que estuvimos presentes, como tantos feligreses de muy diversas parroquias de la Archidiócesis, y de los millones de personas que vieron los actos por televisión, podrá olvidar esta visita de Benedicto XVI a Catalunya. Pido a Dios que sus mensajes, comenzando por el de su misma presencia, supongan un aliciente para avanzar en lo que era el motivo principal del viaje: confirmar a los hermanos en la fe. Y que nos sirva también a los católicos para sentirnos muy cerca de quien es nuestra cabeza en la Iglesia.

En Catalunya tenemos un índice de práctica religiosa que ha bajado en los últimos años. Como piedras vivas de la Iglesia, hemos de procurar atraer a personas que quizá se han distanciado de Dios, y para ello asumamos el compromiso personal que nos pide el Papa en cada ocasión, también en esta, tan feliz que hemos vivido estos días.

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado


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