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BICENTENARIO DE MARIA ANTÒNIA PARÍS


El 28 de junio de 1813 nació en Vallmoll una niña que llegaría a tener proyección universal: Maria Antònia París. Hoy, en el bicentenario de su nacimiento, deseo unirme de corazón a las Religiosas de María Inmaculada, Misioneras Claretianas, la congregación que ella fundó -junto al Padre Claret- para la educación cristiana de la humanidad y servicio a la Iglesia.

Su nacimiento en la citada población del Alt Camp obedeció a la condición de refugiada de las tropas napoleónicas que tenía su madre. Al día siguiente de nacer fue bautizada en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción.

Así como Vallmoll está ligado a su nacimiento, Reus lo está a su muerte, ya que fue en la capital del Baix Camp donde la religiosa falleció, el 17 de enero de 1885. Allí está enterrada y la ciudad que honra sus restos mortales le dedicó una calle.

En medio de esas dos fechas, a partir de los 13 o 14 años, Maria Antònia París tuvo una intensa vida de oración y acción cuando, a raíz de una misión franciscana en Escornalbou a la que asistió, se dio cuenta de que Dios le pedía una entrega completa como religiosa.

Siendo aún postulante, a partir del año 1842, ve que su vocación es la de fundar una institución apostólica cuyos trazos va distinguiendo cada vez más claros desde que los consulta con el padre Claret en un providencial encuentro.

El 15 de agosto de 1851, con un grupo de amigas, acude a la Catedral de Tarragona, y en esta festividad mariana (la devoción a María será un sello de su obra) las jóvenes hacen voto de no separarse y de "atravesar mares", si es lo que Dios quiere. De hecho cruzan el océano y se dirigen a Cuba, donde era arzobispo el Padre Claret. Hoy, cuando la presencia de las Misioneras Claretianas se extiende por una veintena de países de todo el mundo, aquel compromiso de amor, y aquella disposición a misionar en tierras lejanas, muestra sus frutos.

En 1855, la Venerable María Antonia París  y San Antonio María Claret fundan en Santiago de Cuba, el Instituto apostólico. Su carisma es la trasmisión del Evangelio, a través de la educación y el servicio a los necesitados.

En los últimos tiempos he tenido ocasión, para mí siempre feliz, de encontrarme con las Misioneras Claretianas y presidir la Eucaristía, con motivo del 150 aniversario de su fundación y los 125 de la muerte de su fundadora.

Los aniversarios, para la Iglesia, no son meros hitos temporales, sino ocasión de dar gracias a Dios, porque la Iglesia es la historia de sus misericordias con los hombres. Y aunque la Iglesia es universal, cuando celebramos la memoria de una fundadora tan ligada a nuestra Archidiócesis, la alegría es aún mayor. Enhorabuena, pues, a las Misioneras Claretianas en el bicentenario de su fundadora y que para todos sea un ejemplo de seguimiento de la vocación divina al servicio del Evangelio y de las personas, cercanas o lejanas, que encontramos en el camino.