Als 4 vents

EL PAPA EN BRASIL


La estatua de Cristo Redentor, de 38 metros de altura, sobre el cerro de Corcovado, de 709 metros, mantiene desde su construcción, en 1931, los brazos abiertos como si ofreciera un abrazo a la población de Río de Janeiro que tiene a sus pies. Este abrazo tendrá estos días una especial significación porque Brasil, el país con más católicos del mundo, acogerá entre los días 23 y 28 de este mes de julio, la 28 Jornada Mundial de la Juventud, sucesora de la inolvidable experiencia presidida en Madrid por Benedicto XVI.

Precisamente fue este Papa quien anunció que la nueva Jornada Mundial de la Juventud sería en Brasil en 2013. Un gran acontecimiento que este verano concita sobre el país americano las miradas del mundo, como ocurrirá también en 2014, cuando sea sede del Campeonato Mundial de Fútbol. Desde el anuncio de la gran jornada juvenil hasta la celebración ha habido un cambio en el Vaticano, donde un nuevo pontífice gobierna la Iglesia. Un argentino, por tanto, un vecino del gran país brasileño, un hombre cercano, no sólo por su origen geográfico, a las realidades latinoamericanas.

Juan Pablo II visitó Brasil en 1980. No fue un viaje placentero. En aquellos momentos el contencioso entre el gobierno y el episcopado puso a prueba el carácter pastoral de la visita en varias ocasiones. Incluso se observaban atentamente sus gestos ante algunos representantes de la Teología de la Liberación. El Papa pasó de la recepción oficial a visitar a los presos de una cárcel, y a estar con los jóvenes, los pobres y los enfermos.

Precisamente Juan Pablo II es uno de los patrones de la visita actual del papa Francisco. Los otros son la Virgen Nuestra Señora de la Concepción de la Aparecida, cuyo santuario es visitado anualmente por diez millones de personas, San Sebastián mártir; Fray Galvão, primer santo brasileño y santa Teresa de Lisieux.

Los santos son tan variados como complementarios. El papa Francisco llamará a todos a la santidad, siguiendo la estela del Concilio Vaticano II, pero especialmente a los jóvenes, con quienes se reunirá en un gran parque. También tiene previsto dedicar un tiempo a confesar, después de haber dicho, en una de sus audiencias romanas, que la confesión no es una lavandería ni un potro de tortura, sino un encuentro amoroso con Jesucristo.

Le será entregada la Llave de la Ciudad, como se hace con los huéspedes distinguidos, pero lo que le interesa al Papa es la llave que abre los corazones a la gracia de Cristo. Debemos rezar estos días, acompañándole en su viaje, para que sean muchos los frutos de su presencia en tierras americanas, para que muchas personas, en especial los participantes en la Jornada Mundial de la Juventud se decidan a seguir a Jesús mediante una conversión que marque sus vidas en el futuro.

Desde Río de Janeiro o desde miles de kilómetros de allí, le tendremos muy cerca estos días que han de ser de mucha gracia de Dios.