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MIÉRCOLES DE CENIZA


El próximo miércoles es el llamado Miércoles de Ceniza, que es la puerta por la que accedemos al periodo litúrgico de la Cuaresma, época penitencial de preparación para la gran fiesta cristiana de la Pascua de Resurrección.

Este día el sacerdote toma un poco de ceniza, obtenida por la combustión de las palmas del Domingo de Ramos del año pasado, y nos hace la señal de la cruz en la frente o en la cabeza. No es un sacramento, pero tiene un hondo valor simbólico, como lo tiene un anillo como símbolo de enamoramiento, o un pastel de cumpleaños, cuyo significado es la alegría por la vida de una persona.

La ceniza es un signo de la actitud de un corazón que reconoce la necesidad de perdón y no se ufana de sus propias cualidades, como si pudiera prescindir de la ayuda de Dios.

El sacerdote, en el momento de imponerla, acostumbra a decir «polvo eres y en polvo te convertirás», tomando una frase del Génesis 3,19, aunque también se puede utilizar otra frase de la Escritura: «arrepiéntete y cree en el Evangelio», tomada de Marcos 1,15.

Sin duda podrían haberse seleccionado otras sentencias bíblicas, lo importante es la actitud con que se reciben. Tan cierto es que la vida en la tierra tiene límites temporales, como que tenemos que convertirnos.

Si pensamos que la Cuaresma es una época triste, quizá no consideramos de modo suficiente la alegría de la resurrección. Podríamos observar que este tiempo comienza con la ceniza del miércoles y termina con el fuego de la Vigilia Pascual, un fuego que representa el adiós al hombre viejo y el paso al hombre nuevo según el modelo de Jesucristo.

Como señalaba Benedicto XVI, son cuarenta días para profundizar en una extraordinaria experiencia espiritual y ascética. Jesús indica los tres instrumentos útiles para esta renovación personal: la oración, la penitencia (el ayuno) y la limosna.

En este Año de la Misericordia la Cuaresma es un tiempo propicio para pedir perdón a Dios en el sacramento de la penitencia, en el que la misericordia divina se vuelca sobre nosotros. También para que seamos generosos con las demás personas, especialmente con las más necesitadas. No solo es cuestión de dinero, también de perdón si nos hemos sentido heridos por alguien y de comprensión.

Es tiempo también de acudir a la Virgen María, Madre de Misericordia, para que nos conduzca al encuentro con su Hijo. Vivida así la Cuaresma será un tiempo de alegría interior que se manifestará también externamente en nuestra vida ordinaria