Hermanos: No deje nunca de amarte fraternalmente ni de acoger a los forasteros, y tenga que algunos acogieron ángeles sin saberlo. Acuérdate de los presos como si estuviese presos con ellos; acuérdate igualmente los que son maltratados, pensando que también vosotros tenéis un cuerpo que podría sufrir malos tratos.

Que todos honre el matrimonio, y guarde inmaculada la vida conyugal.

No vayáis detrás el dinero; complacerles con lo que tenéis, recordando que Dios ha dicho: «No te dejaré, no te abandonaré.» Por eso podemos decir con toda confianza: «El Señor está conmigo: no me hace miedo».

Palabra de Dios.

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