Hermanos, yo, preso por causa del Señor, os ruego que viváis como lo pide la vocación que ha recibido, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportando-os con amor unos a otros, no escatimando ningún esfuerzo para estrechar la unidad del espíritu con el vínculo de la paz.

Un solo cuerpo y un solo espíritu, como es también una sola la esperanza que nace de la vocación recibida. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todo, actúa a través de todo y está presente en todo.

Palabra de Dios

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