«Es mi prometido» o «es mi prometida», se decía con frecuencia, igual que se afirmaba «estamos prometidos». Espero que sigan siendo expresiones muy utilizadas en la notificación de un noviazgo ante terceros.

Ahora se dice muchas veces «es un amigo» (o una amiga), cuando no se afirma «somos pareja», expresiones que hay que aceptar como modernas, aunque no expresan tan bien el sentido de promesa o de compromiso que es lo que debe caracterizar a un noviazgo y más aún a un matrimonio.

La promesa mira al futuro, no solo al presente. Un futuro que se desea con todas las fuerzas de la voluntad. En una boda el compromiso mutuo es amarse en todas las circunstancias, en la salud y en la enfermedad… no solo en vivir el amor «mientras dure».

Hay una bella anécdota de cómo el canciller alemán Otto Bismark entendía su relación con Johanna, su joven esposa. Ella le había manifestado por carta su temor a que le olvidara, atraído por tantas ocasiones como tenía en sus viajes de tratar con bellas cortesanas y embajadoras. El canciller disipa sus temores contestándole: «¿Olvidas que te he desposado para amarte?». Manifestaba una intención perdurable, no solo una coyuntura. Y, en efecto, su matrimonio duró cuarenta y siete años, hasta que ella falleció, cuatro años antes que él.

La capacidad de compromiso mide la integridad de una persona, sea en las relaciones sociales, en los negocios, en el amor o la donación de sí misma. Ser fiel a la palabra dada, a la voluntad expresada, no solo ofrece estabilidad, sino que es muestra de personalidad íntegra de alguien que no se deja condicionar por las emociones fugaces o por la búsqueda del placer en sus acciones, sino que piensa en los demás.

También en la relación con Dios debemos comprometernos, y este modo de actuar no será una carga sino una liberación. Un cristiano que decide ir a la misa dominical, o confesarse con frecuencia, o ayudar en las tareas sociales de la Iglesia, es consecuente con su fe, y esta coherencia entre lo que piensa y lo que hace es el mejor testimonio de vida para su familia y amigos.

El Papa Francisco ha insistido durante en Sínodo de los Jóvenes en la necesidad del compromiso, en que no tengan miedo a abandonar la comodidad del sofá, en tomar riesgos, en que no miren lo que ocurre en el mundo cómo quien observa desde un balcón. Les ha dicho: «no tengan miedo a casarse», «no tengan miedo a ir a contracorriente», «no tengan miedo a comprometerse con los pobres», «atrévanse a soñar».

 

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

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