El próximo sábado, 22 de diciembre, será una fecha importante para Figuerola del Camp. Personalmente tendré la satisfacción de celebrar la coronación canónica de Nuestra Señora de la Esperanza, que cuenta con una devoción muy arraigada en esta localidad del Alt Camp.

Es una devoción secular que movilizó a la población, su ayuntamiento y muchas entidades. Se reunieron más de 1.800 firmas con una petición que trasladé al Vaticano, y el papa Francisco, sensible a la demanda, aprobó esta coronación que confirma que en la actualidad sigue muy viva una tradición de fe popular.

Hablo de fe porque las virtudes teologales están entrelazadas entre sí. Solo así se explica que un pueblo que no alcanza medio millar de habitantes haya conservado una tradición cristiana que encuentra su signo más visible en la iglesia barroca, construida sobre una anterior romana.

Figuerola del Camp es un pueblo que aprecia las cosas sencillas de la vida, como tantos núcleos de población que han vivido de la agricultura, en su caso de los cereales, la viña y los avellanos. Precisamente en 1956 hubo una recogida popular de avellanas, destinada a construir un altar mayor y a honrar en un nuevo espacio a Nuestra Señora de la Esperanza.

A esta devoción popular van dedicadas las fiestas que desde el día 14 hasta el 23 se están sucediendo en Figuerola del Camp. Son muestra de una alegría que enlaza con la advocación mariana de la Esperanza, tan necesaria también en nuestros días. Acudiendo a María, esperanza nuestra, si nuestro corazón está alterado por alguna circunstancia, volverá a gozar de la paz.

En torno a la esperanza hay un breve relato indicativo de que Dios nos ayuda siempre, aunque con frecuencia por caminos inesperados. Se encontraba un náufrago en una isla desierta y apenas pudo construir una cabaña y hacer fuego. Es todo lo que tenía, pero un día el fuego devoró la cabaña. «¿Cómo es posible que Dios lo permita?», se preguntó, pero apareció un barco que llegó en su ayuda. Le dijeron: «Vimos que hacía señales de humo y hemos acudido pensando que nos estaba llamando.»

La Virgen María es para nosotros como esta señal de humo que llama a su Hijo para que venga en ayuda nuestra cuando lo necesitamos. Ella representa nuestra esperanza, mantiene nuestra fe y llama a una caridad auténtica entre nosotros. El sábado, cuando procedamos a la coronación de esta apreciada imagen, invocaré la ayuda de la Madre de Dios para que en Figuerola del Camp se viva siempre según el testimonio de los primeros cristianos, que tenían un solo corazón y se ayudaban de tal modo que los que les contemplaban quedaban admirados.

 

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

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