La JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) ha sido considerada «la invención más hermosa de San Juan Pablo II», aunque él decía que fueron los jóvenes quienes la inventaron. En efecto, para la primera, celebrada en Roma en 1984, se esperaba que acudieran 60.000 jóvenes y llegaron 300.000. La segunda fue en Buenos Aires, con lo que la iniciativa ya cobró carácter internacional y se dispuso hacerla cada dos años.

Esta vez se celebra en Panamá entre los días 22 y 27 del presente mes de enero. Por la distancia es difícil que puedan ir de entre nosotros tantos jóvenes como nos gustaría, pero sí que podemos trasladarnos en espíritu a este país caribeño, seguir las noticias del encuentro y rezar por el éxito de la convocatoria.

Los católicos y toda la población de Panamá disfrutarán de la presencia del Papa Francisco, y los adultos recordarán el viaje de Juan Pablo II en el año 1983. El Papa polaco encontró allí un bálsamo de paz y alegría en un viaje que tuvo otras etapas menos felices, por cuanto visitó tres países sometidos a dictaduras militares: El Salvador, Guatemala y el Chile de Pinochet.

Es probable que Francisco mencione al famoso Canal de Panamá, que en su recorrido de ochenta y dos kilómetros enlaza desde 1914 el Océano Atlántico con el Pacífico, permitiendo una navegación muy favorable a los barcos que antes tenían que dar la vuelta por el cono Sur de América. Es como un símbolo de unión entre mares para beneficio de todos.

Lo seguro es que esta jornada mundial tiene lugar después de la celebración en Roma del Sínodo de los Jóvenes, en el que el Papa puso tantas esperanzas. Ha sido un espacio en el que se han abordado los temas que les preocupan y sus sugerencias sobre los cambios que deberían hacerse en la Iglesia. Se espera un documento pontificio que recoja y valide las principales aportaciones. Junto con los mensajes que surjan de la JMJ de Panamá constituirán un material muy útil para reflexión a lo largo del año 2019 que hemos comenzado.

Felizmente cada vez es más aceptada la idea de que la Iglesia mejorará por la santidad de sus miembros más que por el cambio de estructuras. La renovación de sus organismos es necesaria, pero aún lo es más la mejora personal, a la que se refiere tan a menudo el Papa Francisco cuando pide oraciones y una actitud de perdón, mientras pone en guardia sobre los deseos eclesiásticos de «hacer carrera» o las murmuraciones.

Acudamos confiadamente a los sacramentos, que son canales de la gracia que, como el de Panamá, facilitan nuestra navegación por la vida.

 

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

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