En sus 800 años de historia la Catedral de Tarragona ha acogido muchas ceremonias solemnes, pero el sábado 23 de este mes de marzo será escenario de la primera beatificación. Es explicable que esperemos con gran satisfacción esta efeméride y aún más por las características de la misma.

La persona glorificada por la Iglesia es un seglar, padre de familia de nuestra archidiócesis, el médico Mariano Mullerat, nacido en Santa Coloma de Queralt y que ejerció en Arbeca donde fue asesinado por sus convicciones cristianas el 13 de agosto de 1936, junto con otras cinco personas de la población.

Todavía viven testimonios muy fehacientes de la serenidad con que entregó su vida, comenzando por sus cuatro hijas. El nuevo beato se despidió de su esposa y de ellas pidiéndoles que perdonaran a quienes iban a matarle y, ya en el camión en el que eran conducidos al sacrificio, tuvo aún admirables gestos de caridad para pacientes que dejaba en el pueblo mostrando una profesionalidad y una paz interior admirables.

Es un santo de nuestra tierra, que hizo el bachillerato en Reus, en el Colegio de la Sagrada Familia, para cursar luego Medicina en la Universidad de Barcelona.

El proceso canónico fue abierto por mi antecesor, Monseñor Lluís Martínez Sistach en 2003 con la apertura de la causa diocesana, que se clausuró en 2004. El pasado 8 de noviembre el Santo Padre autorizó a la Congregación de la Causa de los Santos para promulgar el decreto de beatificación y el próximo 23, como he dicho, el prefecto de esta Congregación, cardenal Angelo Becciu, presidirá felizmente la ceremonia catedralicia.

Como ha comentado Mn. Rafael Serra, que ha estudiado con atención la vida de Mariano Mullerat, en 2013 se celebró en el Complex Educatiu de Tarragona la beatificación del obispo Borràs y un gran número de sacerdotes, mártires del siglo XX, pero podría decirse que faltaba un laico, un seglar que fuera también mártir de la fe.

Precisamente porque es un mártir, que murió por no renunciar a su amor a Jesucristo, la víspera de la ceremonia en la Catedral, el viernes día 22, a las 19.00 h, celebraremos un Via Crucis en el Anfiteatro, testigo histórico de otros martirios como el de San Fructuoso y sus diáconos. Será presidido por un crucifijo que Mariano Mullerat tenía en su casa de Arbeca, y al que dio un último beso antes de entregarse a quienes fueron a buscarle para la ejecución.

Aunque las imágenes religiosas del hogar fueron arrojadas por la ventana, el Crucifijo no sufrió la destrucción, como si el hecho fuera una metáfora de la permanencia de Cristo en sus santos, testigos de un amor que no tiene fin.

 

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

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