Este domingo, excepto en donde San José es festivo, celebramos el Día del Seminario, que este año tiene por lema «El Seminario, misión de todos».

La vocación sacerdotal es una llamada muy personal de Dios, un regalo a la Iglesia y a la sociedad, a los que el presbítero sirve, con los brazos abiertos a todos. Cada sacerdote llega al ministerio a través de un camino particular, y si cada uno contara los detalles de su vocación veríamos la gran variedad de relatos.

Sea cual sea este itinerario, pasa en sus últimas etapas por un periodo largo e intenso de formación en compañía de otros. El Seminario no es una academia de clases particulares, ni una simple residencia, sino un lugar de convivencia en que el futuro sacerdote aprende de los demás al mismo tiempo que de los profesores.

Desde 1935 se celebra el Día del Seminario para rezar y tener más presentes a los jóvenes y a veces no tan jóvenes que un día se ordenarán y podrán administrar la gracia sacramental, de manera habitual la eucaristía y el perdón.

Este camino lo recorre el candidato al sacerdocio en compañía generalmente de su familia y también de la parroquia de origen. ¡Cuántos se deciden por el ejemplo de un sacerdote que, con su vida más que con sus palabras, ha sido un estímulo para que se dispusieran también a una vida de entrega! Una vida que en la Iglesia Católica supone el celibato, puesto a veces en cuestión con el razonamiento de que faltan clérigos, cuando el ejemplo de las Iglesias protestantes, que no tienen esta exigencia, muestra que no por ello tienen más vocaciones.

Lo que atrae al sacerdocio es el amor a Jesucristo y una disposición a aceptar la voluntad de Dios si uno se siente llamado. Esta apelación se ve confirmada por las consultas que hace a quienes tienen motivos y autoridad para aconsejarle. La decisión final no es fruto de un cálculo sobre el futuro bienestar, ni una opción profesional como se entienden habitualmente.

El Papa Francisco convocó el año pasado un Sínodo para ayudar al discernimiento vocacional de los jóvenes, su opción de vida, en el matrimonio o en la entrega a Dios por otro camino. Es de suma importancia que tengamos sacerdotes bien formados, con personalidad humana contrastada, dispuestos a vivir en comunión con la Iglesia al servicio de las personas.

A esto responde la celebración del Día del Seminario, en el que pido oraciones para que en nuestra archidiócesis y en todas partes tengamos vocaciones que ayuden a cubrir las necesidades actuales tan perentorias.

 

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

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