Queridos diocesanos, a menudo se hace mención a los tres grandes patriarcas del Antiguo Testamento —Abraham, Isaac y Jacob— como ejemplos de hombres de fe y de esperanza en Dios. Se pueden considerar como los padres de millones de fieles de las tres grandes religiones monoteístas: el cristianismo, el judaísmo y el islam. Sin embargo, estos personajes, aunque expresaron una gran confianza en Dios, no siempre fueron unos modelos a imitar desde el punto de vista ético.

Ahora bien, todo cambia cuando nos fijamos en José, hijo de Jacob. Se trata de un personaje magnífico, digno de figurar en las páginas de la mejor literatura universal. No es de extrañar que literatos y pensadores como Thomas Mann y Sigmund Freud se fijaran en la vida y el comportamiento de este joven judío. El relato de José plantea un tema que reiteradamente aparece en las narraciones bíblicas y en las mismas historias humanas: Se trata del enfrentamiento entre hermanos. José despierta la envidia de sus hermanos porque «se daban cuenta de que su padre lo prefería a todos ellos; por eso lo detestaban y no eran capaces de hablarle amigablemente» (Gén 37,4). El odio de sus hermanos llega hasta el extremo de querer matarlo. Rubén lo quería salvar y pidió que se deshicieran de él tirándolo a una cisterna vacía, pero sin llegar a matarlo. Entonces, otro hermano, Judá, al ver pasar una caravana de ismaelitas, lo vendió por veinte piezas de plata a los mercaderes, que se lo llevaron a Egipto.

El relato de la vida de José es como una radiografía de la interioridad humana con todas sus ambivalencias y contradicciones. Amor y odio, ternura y violencia, envidia y aprecio, celos y estimación… pueden cohabitar en el seno del corazón humano generando una gran inestabilidad emocional y maneras de actuar poco congruentes.

Llegado a Egipto, José trabaja al servicio de un hombre poderoso, llamado Putifar. José, que era un joven atractivo, vivirá allí las provocaciones de su mujer, que, al no corresponderle José, lo acusará falsamente y, como no se puede defender, será encarcelado (Gén 39). La mentira es la herramienta que posibilita este abuso. El inocente es presentado como el culpable.

A nadie se le escapa que la historia de José manifiesta numerosos paralelismos con la vida misma de Jesús de Nazaret. Ambos son traicionados, vendidos y encarcelados. Pero a nadie se le escapa que esta historia manifiesta también numerosos paralelismos con historias reales más cercanas o lejanas, o que simplemente las encontramos en los periódicos.

La historia de José es una historia ejemplar que nos alecciona a todos. Nos propone la limpieza y mansedumbre del corazón. Nos señala los senderos tortuosos de la vida humana, invitándonos a la mirada correcta y justa en las relaciones entre las personas. En definitiva, nos invita a la alerta, a la vigilancia, a estar atentos ante los asuntos y las cosas caducas de este mundo, no sea que cayéramos en sus trampas y acabaran «agobiando nuestro corazón» (Lc 21, 34), olvidándonos de poner nuestros ojos en los valores últimos.

† Joan Planellas i Barnosell
Arzobispo metropolitano de Tarragona

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