Estimados diocesanos, Tarragona celebra esta semana las fiestas de Santa Tecla. Según las Actas de Pablo y Tecla, esta santa fue una virgen joven y noble que escuchó la predicación de San Pablo, se hizo seguidora y murió mártir de la fe cristiana poco más tarde.

En la Iglesia ortodoxa, estas Actas de Pablo y Tecla circularon muchísimo, lo que demuestra la veneración hacia ella. Estaba llamada incluso como la primera mártir entre las mujeres, siendo tenida, sobre todo por ellas, como modelo de ascesis y de vida cristiana. En la antigüedad cristiana, su culto fue especialmente importante en Asia Menor, Egipto y Siria. A partir de los siglos IV y V, su culto comenzó a aparecer en la Europa occidental. Ya en el martirologio de Beda encontramos que su culto se celebraba el día 23 de septiembre, como lo hace Tarragona en la actualidad. En cambio, los orientales la celebran el día siguiente, el día 24 de septiembre.

La primera vez que aparece el culto de Santa Tecla vinculado a la Iglesia de Tarragona es en el Oracional Veronense, cuyo origen se remonta a los siglos V-VI. Del mismo hecho da testimonio la iglesia de Santa Tecla llamada La Vella que se encuentra detrás del ábside de la Catedral actual. Este Oracional, usado por la Iglesia tarraconense, fue llevado por San Próspero, arzobispo de Tarragona, a la región italiana de Liguria, cuando se vio obligado a abandonar Tarragona con motivo de la dominación arábiga, alrededor del año 720, y se llevó con el también consigo las reliquias de San Fructuoso. Cuando el año 1091 se decidió restaurar la dignidad metropolitana y primada de la Iglesia de Tarragona, tras el largo periodo de la dominación sarracena iniciado el año 714, su primer arzobispo, Berenguer Sunifred de Lluçà, obispo de Vic, el papa Urbano II le permitió usar el palio en las fiestas de Santa Tecla y de los santos mártires tarraconenses. Así lo recogía, el día 1 de julio de 1091, la famosa bula Inter primas Hispaniarum. Allí, después de mencionar las fiestas comunes y universales, añadía también las locales y propias: se mencionaba la solemnidad de la virgen Santa Tecla, así como también la de los santos mártires Fructuoso, Augurio y Eulogio. Hay que añadir en toda esta historia antigua, que parte de las reliquias de Santa Tecla, concretamente uno de los brazos, fue dado a los embajadores del rey Jaume II por parte del rey Oshin de Armenia. Las reliquias llegaron a Barcelona en 1320 y fueron depositadas en el monasterio de Sant Cugat, y hasta tres años más tarde, en 1323, no fueron trasladadas a la Catedral de Tarragona.

Nosotros somos los herederos de toda esta historia. Debemos dar gracias a Dios por estas nuestras raíces cristianas que entroncan con la predicación del apóstol San Pablo y el testimonio de su discípula Santa Tecla. Agradecemos esto como el trigo agradece a la espiga madre todo lo que ha recibido. Nuestros obispos, en una carta pastoral de 1986, titulada Arrels cristianes de Catalunya, decían: «Nuestras raíces grecorromanas y cristianas, europeas y mediterráneas son la savia que vivifica nuestro espíritu colectivo.» Saber de dónde venimos nos ayuda a comprender el presente y nos orienta hacia el futuro.

† Joan Planellas i Barnosell
Arzobispo metropolitano de Tarragona y prima

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