Estimados diocesanos, el Papa Francisco subraya que el anuncio de la fe es una tarea de todo el pueblo de Dios (cf. Evangelii gaudium, n. 111), al tiempo que incide en el hecho que «cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide» (n. 20). Ante esta interpelación del Papa y en el inicio de un nuevo curso, les invito a renovar la vida cristiana teniendo muy presente esta propuesta de anunciar el Evangelio en los ambientes propios. Por este motivo, os hago cuatro recomendaciones:

1) Intensificar la intimidad con el Señor. Jesús nos dice que estará siempre con nosotros (cf. Mt 28,20). Y nosotros nos sentimos solos. Entonces añade que con Él lo podemos todo (cf. Fil 4,13). Y no nos acabamos de fiar. Entonces Él se nos pone al lado y camina con nosotros. Cuando nos detenemos, Él también se detiene y nos ofrece lo que es más suyo: no un triunfo o un aplauso de parte de la gente; aún menos nos habla de premios. Lo que hace es darnos el don más precioso: nos ofrece beber de su mismo cáliz, como hacen los enamorados, que beben de la misma copa; y nos dice que no esperemos demasiado los resultados concretos y visibles, aunque algunos ya vendrán cuando toque. Hoy la sociedad necesita de cristianos más que nunca unidos con el Señor.

2) Estar todos más cerca de la gente y que puedan ver cómo vivimos. Hoy, más que antes, estar con la gente no significa esperar que vengan —que quizás no vengan—, sino sobre todo explicitar la vida cristiana allí donde se encuentra la gente, ir donde hay personas en situaciones difíciles. Porque si la gente no viene tenemos que ir nosotros allí donde están. Y que vean la bondad, la simplicidad y la alegría de nuestra vida, que esta es la predicación más eficiente (cf. Mt 5,16). Hay que mostrar las convicciones y el testimonio no impositivo: ésta es y será nuestra principal predicación. Así descubriremos bondades escondidas. Y cuando convenga lavar los pies a alguien, hacerlo como quien no hace nada, ya que Jesús lo hizo el primero y nos daba ejemplo.

3) Paciencia, saber aguantar y cuando haga falta sufrir… Si queremos evangelizar nos tenemos que ir acostumbrando al pequeño milagro de un silencio que a veces parece interminable, como el de los años de Jesús en Nazaret. Porque la fuerza de la gracia se manifiesta sobre todo en tiempos de silencio aparente de parte de Dios. En el calendario de Dios todo está bien apuntado y las cosas se van sucediendo en el momento oportuno. Y si llega el momento de hablar y de denunciar —que puede llegar y seguramente llegará de vez en cuando—, hacerlo pensando sólo en ayudar a la gente y evitando en todo lo posible herir, que esto no lleva a ninguna parte. Dulzura e inteligencia. Paz y serenidad.

4) Amar llenos de esperanza. No hay nada más cristiano que esperar. Nosotros mismos somos el resultado del sueño esperanzado de Jesús, que todo lo confiaba al Padre. Necesitaremos toda la inventiva del mundo y especialmente hoy nos hará falta mucha paciencia, porque algunas cosas se han puesto difíciles y cuesta arriba, pero en gran parte el reto es éste. Y mientras corremos nuestra etapa de esta carrera apasionante, hoy se nos ofrece la ocasión de hacer no una nueva Iglesia, pero sí renovar a fondo la que nos ha sido confiada, que ya tenemos y formamos: una Iglesia acogedora que aporte sentido y esperanza, que muestre hasta dónde llega el amor de Dios.

 

† Joan Planellas i Barnosell
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

 

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