Rehacer la unidad es un deber de la Iglesia y de cada pequeña comunidad cristiana. Fue una de las finalidades principales del Concilio Ecuménico Vaticano II. Era necesario, ya que Jesús fundó una única Iglesia y, en cambio, a lo largo de la historia los cristianos se han dividido. Hoy hay varias comunidades y todas afirman ser la verdadera Iglesia de Cristo. Estas divisiones han llevado enfrentamientos, acusaciones y también violencias. Todo esto es contrario a lo que Jesús quería: amaos, manteneos unidos para que el mundo pueda creer. ¿Quiénes son esos «otros cristianos» que debemos amar y con los cuales debemos trabajar por la unión?

Hacer un resumen aquí es imposible, pero dibujar una breve panorámica puede ayudar a entender la situación. Junto a la Iglesia católica, pues, debemos reconocer como las más valiosas y cercanas a nosotros las Iglesias Orientales y las Comunidades Evangélicas, también llamadas protestantes.

El cristianismo protestante tiene su origen en los movimientos de reforma que se desvelaron en Europa en el umbral del tiempo moderno (siglos XV-XVI). En una época muy rica de iniciativas y grupos espirituales, un fraile agustino, Martín Lutero, se enfrentó con la autoridad católica, levantó la bandera de la Biblia contra la Iglesia y enseñó que solo la fe en Cristo puede salvar al hombre pecador. Rechazó el orden sacerdotal y aceptó únicamente la autoridad de la Biblia. El bautismo y la Cena son los únicos sacramentos. Lutero creó un cristianismo recortado, mutilado. Inglaterra rompió también con Roma por despecho del rey. El anglicanismo resta en buena parte católico, pero tuvieron mucha influencia las ideas de Lutero y, también, de Juan Calvino.

En cambio, la separación de los cristianos de Oriente es anterior y se consumó en el inicio del segundo milenio, en el año 1054. Los factores de la ruptura hay que buscarlos en la creciente rivalidad entre Roma y Bizancio que acabó en «divorcio». El cristianismo ortodoxo, como se llama el de Oriente, dependía del Emperador más que del Papa. Latinos y griegos cada vez se distanciaban más. Es triste, ya que tenemos la misma fe y celebramos los mismos sacramentos, aunque con ritos diferentes. Pero consideran que el Papa no tiene autoridad a nivel universal. Es el gran cisma de los cristianos orientales que se extiende de Grecia y Rusia hacia el Este y, por la emigración, en muchos países de Occidente. En Oriente también hay otras Iglesias separadas antes de la Ortodoxa: caldea, asiria, copta, armenia, siriaca y malabar, esta última en el sur de la India.

Por ecumenismo entendemos el conjunto de esfuerzos de oración, diálogo y cooperación para reunir a todos los cristianos en aquella única Iglesia que quería el Señor, tal como afirma el Concilio Vaticano II (Unitatis redintegratio, 4). Cada año, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos es del 18 al 25 de enero. El último día se hace coincidir siempre con la festividad de la conversión de San Pablo, el gran apóstol predicador del Evangelio. Todos los cristianos debemos orar para obtener la unión que Dios quiere. Conocer, acoger y ayudar a los cristianos de otras Iglesias es un buen inicio de cara a la unidad.

 

† Joan Planellas Barnosell
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

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