Estimados:

Mañana, 27 de abril, celebramos la solemnidad de la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña. Dado el confinamiento, tendremos que esperar para subir a la montaña santa, y tendremos que limitarnos a hacer la «Visita espiritual» a la Moreneta.

El venerable Josep Torras i Bages, poco antes de ser nombrado obispo de Vic, compuso la «Visita espiritual», estrenada el 30 de abril de 1899 en el altar de la Virgen morena de la Catedral de Barcelona. Recuerdo con mucho cariño cómo rezábamos en casa esta oración durante mi infancia. Mi madre la recitaba de memoria y nosotros respondíamos con las correspondientes avemarías. Nunca he sabido quién se la hizo aprender; pero quien fuera acertó plenamente. Recordar hechos pasados me ha ayudado a fundamentar el presente y proyectar el futuro. Sería perjudicial, en cambio, si nos produjera nostalgia melancólica o nos confinara en el pasado. Lo digo, porque con la renovación litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II, se arrinconaron muchas prácticas y devociones piadosas, algunas de las cuales poco decían al cristiano de hoy. Algunas, incluso, eran tremendistas o de un sentimentalismo excesivo. Pero, centrados en la pureza de la liturgia, tal vez no nos dimos cuenta de que la iniciación litúrgica pide formación ilustrada, constante y paciente. Una formación que en el Pueblo de Dios requiere un largo proceso, en el que el pueblo pueda detenerse y darse un respiro para que su oración huela a hogar. La oración comunitaria o litúrgica, tonificada con el espíritu casero, resulta más atrayente y personalizada.

El texto de la «Visita espiritual» de Torras i Bages trae este aire de casa. Con una sintaxis perfecta, de fácil memorización, expresa una noble sobriedad. Se trata de una oración admirable, que sintoniza con el espíritu del pueblo a favor del pueblo. Recordemos tres de las siete peticiones que hay: «Virgen Prodigiosa…, conseguid para vuestros catalanes aquella fe que rebaja las montañas, rellena los valles y nivela el camino de la vida.» «Rosa de caridad…, arrancad de Cataluña el espíritu de discordia, y unid a todos sus hijos con corazón de hermanos.» «Señora de Montserrat, que tenéis vuestra santa montaña rodeada de olivos, signo de paz, conseguid para los pueblos de Cataluña una paz cristiana y perpetua».

Torras i Bages escribió esta oración para los miembros de la «Liga espiritual de la Virgen de Montserrat», porque no quería que el fervor político del momento les secara el espíritu. Así, unos meses más tarde, siendo ya obispo de Vic, recomienda a un responsable de la entidad «que la «Liga espiritual» no se comprometa con una u otra ideología [política] de las hay entre el catalanismo. La Religión, como el aire, debe ser respirable para todos» (A Ricard Permanyer. Vic, 28 de enero de 1900). Una carta escrita hace ciento veinte años, que podría haber sido escrita ayer mismo.

Por supuesto, os recomiendo rezar esta «Visita espiritual», una oración muy actual por la solidez de sus contenidos, por la sencillez de su redacción y por la actualidad de sus peticiones.

Vuestro,

† Joan Planellas i Barnosell
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

 

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