Estimados y estimadas:

Hoy cumple cinco años la encíclica Laudato si’ del papa Francisco (24-V-2015), sobre el cuidado de la casa de todos. En esta crisis del coronavirus, ha sido uno de los documentos del Magisterio más citados, dado que expresa de forma profética, clara y contundente lo que está pasando en nuestro mundo y cuáles son las raíces del problema, y, sobre todo, porque da claves para encontrar caminos para avanzar.

A partir de la grave crisis del Covid-19, la comunidad internacional va siendo más consciente de aspectos señalados hace cinco años por el papa Francisco, como el hecho de que el crecimiento económico perpetuo es incompatible con la conservación de la biodiversidad. Según investigaciones científicas, la pérdida de biodiversidad encarece los costes de sectores como la agricultura o la ganadería, sin olvidar que esa pérdida está detrás de crisis como la que estamos sufriendo. Un 75% de la superficie terrestre ha sufrido alteraciones considerables, y un 66% de la superficie oceánica experimenta efectos acumulativos. La emisión de gases de efecto invernadero, con concentraciones en la atmósfera sin precedentes, nos están llevando a la crisis climática actual. En cuanto a la insostenibilidad del crecimiento económico perpetuo, basta comparar los recursos naturales que la tierra es capaz de regenerar en un año con el gasto generado. Si en 1987 habíamos acabado los recursos anuales el 19 de diciembre, en 2000 fue el 1 de noviembre, y en 2019 se adelantó al 29 de julio. Consumimos las riquezas de la tierra 1,75 veces más deprisa que la capacidad de regeneración del planeta. Y en la Unión Europea esta cifra llega a tres veces (datos de L’Overshoot day).

Ante este panorama, la encíclica Laudato si’ del papa Francisco nos dice que las claves de la solución no se encuentran solo en la ciencia o en la técnica, que es donde las busca nuestra sociedad, sino en el corazón del hombre. Siendo claves morales y éticas, la fe cristiana tiene mucho que decir. En este sentido, justicia social y justicia ambiental están íntimamente relacionadas, dado que la expoliación del planeta afecta a las futuras generaciones, pero ahora ya sufren las consecuencias los más vulnerables, que son los pobres del Tercer Mundo y los marginados de nuestra sociedad opulenta. Hay una íntima relación entre ecología y justicia: las relaciones con la naturaleza son inseparables de la justicia: «No hay dos crisis separadas» -dice el Papa-, «una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental» (Laudato si’, 139). De ahí que hable ampliamente de «ecología integral» (n. 137-162), dado que «las trayectorias para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para proteger la naturaleza» (n. 139).

En nuestra Iglesia que peregrina en Tarragona, somos conscientes de que debemos encarar con responsabilidad estas cuestiones y, como creyentes, dar la respuesta más adecuada. De ahí que hayamos decidido constituir una Comisión diocesana para afrontar los efectos de la pandemia Covid-19 con el objetivo de establecer un plan de choque caritativo y ofrecer una reflexión profunda de esta crisis en la vida de las personas y en la creación. También será necesario establecer un Secretariado permanente sobre ecología y justicia, que amplíe en el tiempo tanto la reflexión como la acción en el marco diocesano. Sólo así podremos responder adecuadamente a los retos planteados por el papa Francisco, hoy hace cinco años, en la encíclica Laudato si’.

Vuestro,

† Joan Planellas i Barnosell
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

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