Estimados y estimadas:

El pluralismo creciente en la sociedad, unido a la indiferencia religiosa, ha ido diluyendo algunas convicciones y ha comportado que algunas prácticas de vida cristiana se hagan de forma rutinaria o, simplemente, que dejen de hacerse. Hoy quisiera hablar de la celebración del bautismo de los niños y de la preparación de sus padres. Unos padres cristianos que sean conscientes de serlo no pueden dejar para más adelante la celebración del bautismo de un hijo recién nacido, y menos aún decir que ya lo decidirá él cuando sea mayor. Precisamente, en la carta dominical de la semana pasada subrayaba la importancia de enseñar a rezar a los niños. Porque, afirmaba, el tronco sólido de nuestra personalidad viene de lo que hemos recibido en los inicios de nuestra vida. Un buen aprendizaje en la oración y en lo esencial de la fe desde muy pequeños, marcará nuestro futuro, como lo marca el resto de una buena educación recibida.

En cuanto al sacramento del bautismo, el Código del Derecho de la Iglesia afirma lo siguiente: «Los padres tienen obligación de hacer que los hijos sean bautizados en las primeras semanas; cuanto antes después del nacimiento e incluso antes de él, acudan al párroco para pedir el sacramento para su hijo y prepararse debidamente.» (CIC 867).

Y, a continuación, añade: «Para bautizar lícitamente a un niño, se requiere: 1) que den su consentimiento los padres, o al menos uno de los dos, o quienes legítimamente hacen sus veces; 2) que haya esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la religión católica; si falta por completo esa esperanza debe diferirse el bautismo, según las disposiciones del derecho particular, haciendo saber la razón a sus padres.» (CIC 868).

En estas disposiciones, aparece claro que se debe conjugar la diligencia en celebrar el bautismo, el sentido de la fe y la preparación debida. El aplazamiento del bautismo no debe tener otra razón que el tiempo necesario para que los padres se preparen como es debido. El Derecho vigente de la Iglesia insiste en la debida preparación, cosa que no hacía el anterior: «los padres del niño que va a ser bautizado, y asimismo quienes asumirán la función de padrinos, han de ser convenientemente ilustrados sobre el significado de este sacramento y las obligaciones que lleva consigo» (CIC 851).

Esta instrucción pretende conocer mejor el sacramento y asumir las responsabilidades correspondientes. Ojalá no quede limitada a una simple exposición, sino que llegue a conseguir un tono de oración que desvele las relaciones personales con el Dios que invita al recién nacido a entrar en la familia de los cristianos, lugar donde se participa de la salvación de Jesucristo.

Los futuros padres soléis leer libros, o miráis reportajes, o vais a la consulta del médico para preparar el nacimiento del hijo que viene y para saber cómo lo deberéis alimentar y educar desde el primer día. No es de extrañar, pues, que os preparéis cuando se trata de encarrilar a vuestro hijo en la vida de Jesucristo. Intentad hacerlo con el máximo cuidado.

Vuestro,

† Joan Planellas i Barnosell
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

 

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