Obispo y mártir. Murió quemado en el anfiteatro de Tarragona junto con sus diáconos, Augurio y Eulogio, por la mañana del día 21 de enero del año 259, durante la persecución decretada por los emperadores Valeriano y Galieno. Las Actas de su martirio son unas de las pocas auténticas que nos han llegado y representan el documento más antiguo de la Península Ibérica. De ellas se deduce que Fructuoso era obispo desde hacía tiempo. El mismo documento nos relata que en aquel tiempo había en Tarragona una iglesia organizada con jerarquía y una numerosa comunidad. San Agustín menciona estas actas en un sermón del día de su fiesta y el poeta Aurelio Prudencio les dedicó un himno nombrado Peristéphanon. Las reliquias de San Fructuoso y sus compañeros de martirio fueron llevadas por el obispo san Próspero, para preservarlas de los posibles estragos de la invasión sarracena, a la actual población italiana de San Fruttuoso, cerca de Camogli, en la Liguria.