La formación integral es el principio educativo de la escuela. Para lograrla, el alumno ha de desarrollar todas sus capacidades y entre ellas, la dimensión religiosa y moral que le aporte el sentido en su vida y las respuestas a sus grandes preguntas. En consecuencia, no se puede excluir del ámbito escolar la educación de la dimensión moral y religiosa de la persona, de forma que esta pueda crecer como sujeto responsable y libre.

El próximo lunes día 6 de marzo darán comienzo las preinscripciones escolares. Un periodo que conlleva tomar una decisión importante: escoger el centro educativo para nuestros hijos e hijas. De ésta depende, en gran parte, su futuro, tanto a nivel académico como personal. Este es el objetivo de las escuelas cristianas: trabajar con ellos para asegurarles un futuro mejor.

La escuela cristiana propone un modelo arraigado en nuestra sociedad, un puente entre la familia y la fe, un aprendizaje para todos los ámbitos de la vida, para respetar la creación que Dios nos ha entregado, para vivir en solidaridad basada en el amor hacia los otros. Sus profesionales adquieren un valor añadido, el compromiso con la misión y el carisma propio de cada centro con el denominador común que es la esencia evangélica y los valores que de ella se extraen. Y también un compromiso social, con el conjunto de la sociedad catalana.

Escoger una escuela cristiana es una buena opción, pero en caso de elegir la escuela pública, es importante que las familias ejerzan su derecho a escoger la clase de Religión. No es un privilegio de la Iglesia católica ni una concesión del Estado, sino el derecho recogido en la legislación internacional, estatal y autonómica.

En este ámbito de conocimientos se sitúa la asignatura, como es habitualmente reconocido en los sistemas educativos europeos. Se trata de una ocasión única para acercarse a los contenidos de la fe, con rigor académico, sentido crítico y abiertos al diálogo y es una oportunidad para que nuestros hijos aprendan en la escuela eso que da sentido y consistencia a la vida. Conocer y comprender la propia realidad es el método adecuado para poder después actuar con libertad. La persona no existe nunca como individuo aislado, sino como miembro de un pueblo, partícipe de una cultura, de una tradición. La cual, en el caso de nuestra sociedad, como en el de los diferentes países europeos, no se entendería sin conocer y comprender la fe cristiana.

Y no solo los hijos de familias cristianas, porque la transmisión de los elementos identitarios del cristianismo no deben confundirse con la catequesis, ni con la intención de convencer a los alumnos sobre las verdades que se enseñan. Es necesaria para entender mejor nuestra cultura y nuestras tradiciones, con profundas raíces cristianas. ¿Cómo podrán entender nuestros niños la pintura, la música, la escultura, la arquitectura, la filosofía, la historia, la política, la literatura, las tradiciones, si no conocen en profundidad los cimientos de la religión? Y lo mismo podemos decir, en general, de una comprensión mínima de las otras religiones, para poder asomarnos hacia el mundo globalizado en que vivimos.

Os animo a elegir la mejor educación para vuestros hijos e hijas, pero no les privéis de la herencia que les corresponde. ¡Marcad la casilla de la enseñanza de religión católica!

Rafael Muñoz Melgar, director del Secretariado diocesano de la enseñanza y la escuela cristiana
Artículo publicado en el Full dominical del 12 de marzo de 2023 (n. 3809)