Para el mundo hebreo, la Tierra estaba fundamentada por grandes pilares que se hundían en el abismo. Debajo de la Tierra se encontraba el Xeol también llamado Infierno o Hades, el lugar de todos los muertos. Cristo experimenta la muerte descendiendo a los infiernos y resucitando libera a los Justos que esperaban en el «si de Abraham». Con su anástasis (resurrección) se cumplen todas las promesas y por ella la humanidad opta a la vida eterna con Dios. La resurrección de Cristo no es necesaria interpretarla desde ninguna semántica simbólica. Simplemente y realmente Jesús ha resucitado. Para los cristianos, es lo histórico más trascendente de todos los tiempos, una experiencia revolucionaria que transforma la vida del creyente y la dota de su sentido final.

El tema de la resurrección de Cristo se encuentra inmanente en las representaciones icónicas de los primeros cristianos como el pez, la paloma o el ancla. Se explicita como tema en los sarcófagos paleocristianos llamados del Anástasis donde el Santo Sepulcro, custodiado por los soldados romanos, es representado alegóricamente con una cruz rematada por un crismón con corona de laurel y con unas aves que pican de ésta corona significando a los fieles que disfrutan de la Resurrección de Cristo. Por su carácter teológico fundamental es uno de los temas más representados en el arte sacro de todos los tiempos.

La obra que presentamos pertenece al antependio del altar de la Iglesia de la Mare de Déu dels Àngels del Papiolet (Baix Penedès). Es obra del presbítero y escultor Joan Curieses Garcia, exponente de nuestro arte sacro contemporáneo que materializó, en nuestra archidiócesis, la renovación artística inspirada por el espíritu del Concilio Vaticano II. Es una obra realizada con cerámica refractaria policromada que ocupa la hornacina central del antependio del altar. Otras doce hornacinas flanquean la imagen principal distribuidas en dos filas de tres imágenes cada una que representan a los apóstoles. En cada lateral del altar otras cuatro hornacinas representan a los cuatro evangelistas ya los santos Pablo, Tecla, Fructuoso, Augurio y Eulogio (en una misma hornacina) e Isidro. La imagen de Cristo aparece nimbado y en disposición orando mostrando las llagas en el lado derecho, manos y pies. A pesar de la sensación de ingravidez, Cristo se sostiene sobre las puntas de los pies en un recurso que ayuda a conectar trascendencia y realidad material. Así, la posición forzada de las piernas acentúa la anatomía del cuerpo de factura clásica cuyo punto de manierismo se trasluce, con maestría, bajo el manto rojo saturado, gracias a la técnica de los paños muelles. En esta obra se hace patente el vínculo de la Resurrección de Cristo bajo el testimonio directo de los apóstoles de la que dan fe los evangelistas y por la que mártires y santos han entregado su vida seguros de la recompensa de la Vida Eterna.

Andreu Muñoz Melgar, director del Museu Diocesà de Tarragona
Artículo publicado en el Full dominical del 9 de abril de 2023 (n. 3813)