Òscar Martí Navarro (Barcelona, 1977) está casado y tiene dos hijas. Es licenciado en Periodismo por Blanquerna – Universitat Ramon Llull, donde en 2015 también cursó estudios universitarios de especialización en Comunicación Institucional y Religión. Tiene titulaciones en comunicación digital en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz y en la Universitat Politècnica de Catalunya. En 2014 se incorporó como periodista a la Oficina de Comunicación y Relaciones Institucionales del arzobispado de Barcelona. Desde septiembre de 2022 es director del semanario Catalunya Cristiana. Coincidiendo con la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, conversamos con él para conocer más cómo se trabaja la comunicación desde la Iglesia.
—¿Qué función asume el semanario Catalunya Cristiana?
Catalunya Cristiana tiene una función principal que es evangelizar. Para ello, desde hace más de 43 años cada semana trabajamos para ofrecer a nuestros lectores un producto editorial de calidad, que explique la actualidad con una mirada propia. Sin ese producto editorial de calidad sería imposible cumplir nuestra misión.
El gran reto que tenemos ahora es trasladar estos contenidos de calidad del papel a la pantalla, es decir, a los soportes y plataformas digitales. Por eso, nuestro semanario se encuentra inmerso en un proceso de digitalización que quiere impulsar la presencia de nuestra marca en Internet y en redes sociales. En este sentido, también quiero destacar el envío diario de un boletín electrónico gratuito que nos permite llegar a nuevos públicos. Mucha gente nos ha descubierto haciendo un clic desde su dispositivo móvil.
—¿Qué importancia tienen los medios de comunicación propios de la Iglesia?
Hay que reivindicar los medios propios de la Iglesia y, sobre todo, su capacidad de generar contenidos que después también pueden hacerse visibles en otros medios de comunicación generalistas. Aparte de Ràdio Estel y Catalunya Cristiana, destacaría las hojas diocesanas y de las comunidades parroquiales, que son un elemento imprescindible para entender la realidad de la Iglesia en nuestro país. De hecho, estos medios de comunicación propios de la Iglesia son un magnífico instrumento capaz de aprovechar la capilaridad que dan las parroquias en todo el territorio.
—¿Cómo se trabaja actualmente la comunicación desde la Iglesia?
La cultura comunicativa de la Iglesia en Catalunya goza de buena salud. La necesidad de comunicar es algo inherente al carácter social de la persona. Desde el tiempo de la Iglesia primitiva, la Iglesia siempre ha tenido la voluntad de transmitir su mensaje, es decir, de anunciar a Cristo resucitado. Esta acción se ha ido adaptando a cada momento histórico. El momento presente no es una excepción. Hoy, la presencia de la Iglesia en el continente digital genera nuevas necesidades en la forma de interactuar con nuestra audiencia. Por ejemplo, las llamadas telefónicas van cediendo terreno a los mensajes escritos que recibimos por los distintos canales en los que estamos presentes. Este hecho debería replantear cómo gestionamos la conversación de nuestras instituciones en las plataformas digitales.
—¿Cómo valora la presencia de la Iglesia en los medios de comunicación generalistas?
La Iglesia está haciendo muchos esfuerzos por explicarse y hacerse cercana a través de los medios de comunicación. Creo que las diferentes instituciones que integran la Iglesia (obispados, escuelas, entidades sociales, movimientos…) están trabajando con profesionalidad para llevar el mensaje del Evangelio por todas partes. Debemos perseverar en esta misión que implica construir puentes de diálogo para convertirse en fuente informativa fiable y eficaz para los profesionales que trabajan en los medios de comunicación. El trabajo de los gabinetes de comunicación es fundamental, pero no es el único factor que interviene en la reputación de la institución. Todos los bautizados influimos en la percepción social de la Iglesia.
—En el mensaje de esta Jornada, el papa Francisco nos habla del «compromiso por una comunicación «con el corazón y con los brazos abiertos»». ¿Echa de menos este compromiso entre los periodistas?
La cordialidad a la que apunta el papa Francisco es imprescindible para entender cualquier proceso comunicativo exitoso, es decir, un proceso comunicativo que sea capaz de enriquecer a todos los interlocutores que participan en él. «No debemos tener miedo a proclamar la verdad, aunque a veces sea incómoda, sino a hacerlo sin caridad, sin corazón», nos dice el mensaje de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2023. Tal y como sostiene el Santo Padre , comunicar la verdad con caridad y con corazón ayuda a construir una sociedad más cohesionada, solidaria y fraterna.
—El proceso sinodal que estamos viviendo ha sido también una experiencia de comunicación multidireccional. ¿Qué cree que aportará este Sínodo a la labor comunicativa de la Iglesia?
Sobre este Sínodo de la sinodalidad, quisiera detenerme en el tercer aspecto que explicita su subtítulo: escucha, comunión y participación. En efecto, en este proceso sinodal todo el mundo está convocado: obispos, presbíteros, consagrados, laicos… Esta participación masiva, plural y diversa a la que exhorta el Santo Padre también puede inspirarnos en nuestra labor comunicativa. Para hacer una comunicación más eficaz, deberíamos saber trasladar a la opinión pública tantos y tantos testimonios de bondad, solidaridad y fraternidad que existen en la Iglesia. Hacerlos más visibles sería una buena forma de comunicar.
Entrevista publicada en el Full dominical del 21 de mayo de 2023 (n. 3819)








