Justamente el sábado 26 de mayo de 2007, Vigilia de Pentecostés de hace 16 años, víspera de las elecciones municipales celebramos el Aplec de l’Esperit en el Puerto de Tarragona.
Es curioso recordar con ilusión cómo en Tarragona se reunieron más de 5.000 jóvenes de toda Cataluña y Baleares, «Marcados por el Espíritu». Quizás fruto del tesón de un equipo de laicos y laicas jóvenes, y no tan jóvenes. Con una combinación de presbíteros jóvenes y muy jóvenes con capacidades diferentes, con un mismo objetivo hizo posible una fuerte inyección de confianza y esperanza.
Con el documento postconciliar Mirada Nova, presentaciones y preparaciones, con jornadas y más jornadas nos atrevemos a hacer un modelo diferente al que habían sido los Aplecs.
Arrancamos en la playa del Miracle, ese ejército de voluntarios acogiendo y ratificando inscripciones. San Pablo (un joven jesuita) nos dio la bienvenida; los mozos de almacén nos acompañaron hasta los tinglados. Himno, parlamentos, detrás de la comandancia, danza a cargo del Esbart de Santa Tecla.
Espacios como la Feria de entidades, un centenar de posibilidades de servir y acompañar en el ocio, en el voluntariado en la caridad. Espacio de tú a tú, con un centenar de personas que podían contrastar a cada joven con una posible llamada/respuesta. Espacio a debate «Cómo hacer de animadores de jóvenes». Espacio contemplativo y adoración del Santísimo en el tinglado, donde la noche anterior había cerrado campaña el partido que ganó las elecciones en Tarragona. Espacio que prácticamente estuvo lleno a rebosar, conducido por diferentes grupos de religiosos/as y recopilación de espiritualidades. Fideuada para 120 jóvenes, con los obispos con sede en Catalunya, y la Confraria de Pescadors que tanto nos ayudaron. El espacio de los Voluntarios, que cuidaron a Antonio Roquet y al hermano Barcos, al cien por cien todo el día. El concierto de Canta la Teva Fe que hicieron exitoso el Aplec con su música tanto en el preaplec como en el mismo Aplec. La celebración de la eucaristía donde concelebraron más de 180 presbíteros, donde muchas de las parroquias de la ciudad se sumaron, una eucaristía de más de 7.000 personas con todos los Pastores de la Iglesia con sede en Catalunya, un valiente envío…
Más de 800 voluntarios, un equipo incondicional de Tarragona y algunos de los fijos interdiocesanos en Francesc y Jaume. Una muchedumbre de entidades dieron un apoyo muy grande: Generalitat, y Port de Tarragona con Josep Lluís Navarro, que día y noche hizo permanencia; Diputación y Ayuntamiento, entidades de ahorro, pero sobre todo cooperativas, costureras, empresas, particulares, religiosas contemplativas…
Furgonetas, monos naranjas, cartón de todo tipo, bajo la guía del Proyecto de fin de carrera de tres alumnos de la Escola d’Art de la Diputació en Reus, todo reciclable hace dieciséis años. Un muy buen legado que también forma parte de la pequeña historia de lo que puede hacer la comunión, el servicio, la capacidad de entrega.
Gente muy distinta con un mismo proyecto. Diversidad de dones al servicio del propio Espíritu. Entre aquellos que lo hicieron posible, algunos han rehecho sus caminos, otros quizás hacen nuevos senderos, algunos se han arriesgado al servicio de la Iglesia diocesana, han formado una familia o simplemente siguen en busca. Marcats per l’Esperit sigue siendo un signo de identidad, donde sabemos reconocer y encontrar en la diversidad, el mejor signo de madurez. Cuando alguien quiere imponerse, quizás es que ha perdido argumentos y aquella autoridad primigenia que viene de la caridad y la misericordia.
Día por día, quiero agradecer haber podido disfrutar de una vivencia de la fe entrañable, junto al mar de Pau y Tecla, de Fructuoso, Augurio y Elogio.
Uno de los días de revisión en la Casa de los Concilis, vino a agradecer el esfuerzo el arzobispo Jaume. Empezó y acabó pidiendo perdón, quizás porque no había hecho suficiente, porque quizás no nos había acompañado lo suficiente… Nos mirábamos unos a otros perplejos, aquella treintena larga de equipo permanente, de jóvenes, curas y religiosas. La respuesta de Joan Àguila, mucho más joven, fue: ¡con vuestra confianza hemos tenido suficiente!
En Tarragona queda una huella de aquel Aplec, los restos económicos fruto de las muchas renuncias de gasolinas, dietas, kilometrajes, y donativos hicieron hacia el inicio de la Llar Natalis, centro para mujeres con riesgo de exclusión social… Son una buena fila de madres que han podido salir adelante gracias también al soplo del Espíritu de hace dieciséis años.
Josep Masdéu, pbro.
Delegado diocesano de Pastoral de joventud el 2007 y responsable de la Comisión del Aplec de l’Esperit en Tarragona








