Esta frase la leía un día de éstos en un artículo que reflexionaba sobre la situación social en la que crecen las tendencias conservadoras, desanimadas, negativas, que ven el mañana cerrado. La reacción normal es la desesperanza, el pesimismo: una vida abandonada a merced de los avatares que vienen ahora de allí, ahora por otro lado, ahora de no sabemos de dónde… y nos da la sensación de que somos marionetas a merced de alguien que está jugando por su propio provecho.

No hace mucho, en un centro de jardinería, admirando su arte floral, vi un molinillo de viento. Me vino a la memoria de niño cuando, en la fiesta mayor de mi pueblo, se vendían a la calle y, también, las nubes de azúcar hilado y las manzanas rojas azucaradas. Enternecido por estos recuerdos compré el molinillo de viento.

Llegado a casa le clavé en una de las torretas más elevadas y más abiertas a los vientos, a un ángulo de la azotea. Allí quedó fijado en la tierra. Ahora volteaba frenético, ahora estaba atascado, ahora se giraba hacia un lado, ahora lo intentaba en otra dirección.

Hace ya un tiempo acerté la buena dirección de la que solía venir el viento, de normal. En ese caso orientado al mar. Encanta la alegría de su movimiento continuo, juguetón y alegre, porque el viento le viene de cara: ¡es lo que quiere!

Todos los humanos estamos plantados en la vida y vamos haciendo nuestra historia. Cada uno de nosotros sabemos cómo nos va, qué nos enjoya y qué nos deprime; qué nos gratifica el esfuerzo y qué nos oscurece el mañana. Nos sentimos frágiles ante los contratiempos y maltrechas. Buscamos fortaleza para resistir e ir echando. A veces debemos conformarnos con ir subsistiendo y poco más.

Es necesario aprovechar el viento que nos viene de cara para que nos dé la vitalidad para ir avanzando. Los vientos nos vienen de una triple dirección, sumados en una sola más potente y continuada. Un viento luminoso viene de la naturaleza, del mar, de las flores, de las montañas, de los árboles de nuestros campos. El Padre Creador alena fuertemente para que todo exista, viva y crezca. Nosotros los humanos somos la primera de estas criaturas y la más bella, en sus manos.

Un viento fresco nos viene de la solidaridad y fraternidad en acción, de los hombres y mujeres con las que convivimos, familia y amigos. En todo acto de amor comprometido. Jesús, el Hijo de Dios y Hermano nuestro, está presente. Su Evangelio es la Palabra, siempre nueva. Un viento cálido nos viene de la comunidad de fe, la Iglesia, madre y maestra, donde el optimismo se vuelve esperanza, porque el Espíritu Santo nos empuja con un viento impetuoso.

Vientos que nunca paran: si estamos bien encarados mantendremos la buena dirección y la energía para no desfallecer.

Josep Bofarull, pbro.
Artículo publicado en el Full dominical del 2 de julio de 2023 (n. 3825)