Más de trescientos peregrinos de todo el Estado español han permanecido durante este pasado fin de semana en la ciudad de Tarragona con motivo de la celebración del XV Encuentro Nacional de la Divina Misericordia. A lo largo de estos dos días, esta devoción impulsada a partir del testimonio de santa Faustina Kowalska ha llenado de celebraciones los templos y las calles de la ciudad.
El punto de encuentro para el inicio de estas jornadas fue la plaza del Rei, frente a la iglesia parroquial de la Santíssima Trinitat, desde donde se inició un solemne Vía Crucis procesional con el cuadro de la Divina Misericordia y la imagen del Santo Cristo.
Este acto de piedad, que fue presidido por el arzobispo Joan Planellas, recorrió la muralla y el paseo arqueológico de la ciudad. Fieles procedentes de Albacete, Cuenca y Tarancón, Lleida, Alicante, Murcia, Sevilla, Valencia, Toledo, Pamplona, Logroño, Navarra, San Sebastián, Villarobledo, Barcelona, Tortosa y de Tarragona, algunos de ellos con sus estándares, acompañaron a Jesús a lo largo del camino del Calvario con los comentarios que pronunció Mn. Joaquim Gras a partir de los textos de santa Faustina Kowalska.
La oración del Vía Crucis finalizó en el interior del templo parroquial de Sant Francesc d’Assís, donde el arzobispo Joan aprovechó para dirigir unas palabras de bienvenida a los asistentes. Planellas invitó a «pensar en todas aquellas personas que sufren, en el sufrimiento de los inocentes, de quienes son víctimas de guerras, de catástrofes naturales y, especialmente, de quienes son víctimas de tantas injusticias». Ante esto, recordó que «los que creemos en el Señor confiamos en la misericordia que tiene por todos y cada uno de nosotros, por nuestras infidelidades y por nuestros pecados».
A continuación, el dr. Marcin Piotr Kazmierczak, decano de la Facultad de Comunicación, Educación y Humanidades de la Universidad Abat Oliba CEU, ofreció una conferencia en la que ató la devoción a la Divina Misericordia con la corresponsabilidad que deben asumir los laicos en el servicio al Iglesia y en el mundo.
Por otra parte, la capilla del Colegio Mare de Déu del Carme acogió un encuentro pensado para los jóvenes para conocer el proyecto de la Comunità Cenacolo de Cornudella de Montsant. Tres chicos que actualmente forman parte de esta comunidad expusieron su testimonio vital en el que la oración, la amistad y la comunidad se han convertido en pilares fundamentales para poder perdonar y salir de la tiniebla en la que vivían.
Por su parte, uno de los coordinadores nacionales del Apostolado de la Divina Misericordia en España, Mn. José Cristóbal Moreno, recogió el testimonio de estos jóvenes como una muestra de que «el amor misericordioso del Señor siempre es mayor que nuestras culpas o nuestras debilidades».
Mn. Joaquim Fortuny: «Que seamos todos testigos del amor misericordioso de Dios»
Los actos del primer día de las jornadas finalizaron en la iglesia de Sant Antoni de Pàdua con la celebración de la eucaristía y un velatorio de oración ante el Santísimo Sacramento. La misa, que contó con una imagen de la Mare de Déu del Claustre en el presbiterio, fue presidida por Mn. Joaquim Fortuny, coordinador del Encuentro Nacional en Tarragona.
Durante la homilía, Mn. Fortuny recordó que «la misericordia de Dios es el amor que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» y que su deseo es «verse rodeado de sus hijos». En este sentido, invitó a ser «portadores de ese mensaje de amor y de misericordia» a partir de la oración, el testimonio y el apostolado.
Por último, Mn. Joaquim Fortuny pidió «que seamos todos testigos del amor misericordioso de Dios para que acudamos a su misericordia con sencillez y humildad, y que, con la fuerza del Señor, seamos apóstoles de la Divina Misericordia».
Arzobispo Joan: «La eucaristía es la fuente de la misericordia»
Los actos del domingo empezaron con una reflexión espiritual que ofreció Mn. Cristóbal Sevilla, párroco del Santuario de la Divina Misericordia de Cartagena, sobre el mensaje de la Divina Misericordia en el Primer Anuncio, que tuvo lugar en la iglesia de Sant Agustí.
Ya en la Catedral de Tarragona se celebró la misa solemne que presidió el arzobispo Joan Planellas, acompañado de los sacerdotes organizadores de este encuentro, entre otros. En su homilía invitó a los fieles a invocar «la ayuda de la misericordia de Dios para que nos acompañe, nos libere de nuestra incredulidad y de nuestras miserias, nos haga ver nuestros pecados y nos disponga el corazón y el alma para seguir al Señor».
Planellas habló de la devoción a la Divina Misericordia, que se centra en la misericordia de Jesús, que es «el amor que Él tiene por todas las personas y que le lleva a perdonar, a tener compasión de nosotros ya ayudarnos» . Una misericordia «infinita y superior a todo», afirmó. El Arzobispo recogió el testimonio de santa Faustina Kowalska para señalar que «el Señor espera que le presentemos nuestras miserias, para hacernos descubrir su misericordia».
Por otra parte, también recordó que «la eucaristía es la fuente de la misericordia porque es el mismo Jesús quien se hace presente entre nosotros», y rogó para que la celebración eucarística de este encuentro ayudara a «vivir ya experimentar la misericordia de Dios por los pecados del mundo […] ya disfrutar de la misericordia que Dios ha tenido con nosotros, quienes hemos sido bautizados».
La celebración eucarística concluyó con una oración a santa Faustina Kowalska ante su reliquia. Y, por último, una comida de hermandad con los participantes puso punto y final a esta decimoquinta edición del Encuentro Nacional de la Divina Misericordia.








