Este domingo día 29 de octubre finalizará la primera sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, una etapa de un largo proceso de escucha y discernimiento que ha movilizado al pueblo de Dios en todo el mundo para tratar el tema de la sinodalidad en la Iglesia a partir de la participación, la comunión y la misión.
Los participantes en esta Asamblea han publicado una carta en la cual expresan algunos aspectos de estas jornadas de debate. En el texto se expone que «con la ayuda del método de la conversación en el Espíritu, hemos compartido con humildad las riquezas y las pobrezas de nuestras comunidades en todos los continentes, tratando de discernir lo que el Espíritu Santo quiere decir a la Iglesia hoy». Es una experiencia que, a petición del papa Francisco, se ha vivido dejando «un espacio importante al silencio, para favorecer entre nosotros la escucha respetuosa y el deseo de comunión en el Espíritu».
En el transcurso de las sesiones de la Asamblea, los participantes «han sentido el apremiante llamamiento a la conversión pastoral y misionera». En este sentido, se anuncia que «la relación de síntesis de la primera sesión aclarará los puntos de acuerdo alcanzados, evidenciará las cuestiones abiertas e indicará cómo continuar el trabajo», que se desarrollará a partir de la segunda sesión, en octubre de 2024
En este proceso se ha detectado que «la Iglesia necesita absolutamente escuchar a todos, comenzando por los más pobres». En concreto, la carta habla de escuchar «a aquellos que no tienen derecho a la palabra en la sociedad o que se sienten excluidos […], las personas víctimas del racismo […], a aquellos que han sido víctimas de los abusos cometidos por miembros del cuerpo eclesial, […] los laicos, a las mujeres y a los hombres, todos llamados a la santidad en virtud de su vocación bautismal, […] a todos aquellos que no comparten la fe, pero buscan la verdad» . También se constata la necesidad de «recoger las palabras y la experiencia de los ministros ordenados» y «dejarse interpelar por la voz profética de la vida consagrada […]».








