El mensaje del papa Francisco, en la VII Jornada Mundial de los Pobres, que tuvo lugar el pasado domingo día 19 de noviembre de 2023, nos invita a hacer una reflexión profunda de cuál debería ser nuestra actitud frente a tantos tipos de pobreza como hay en el mundo.

La aporofobia, un término relativamente nuevo, nos hace sentir una actitud de rechazo hacia el pobre. Nos molesta e, incluso, miramos hacia otro lado cuando vemos la imagen del pobre en la calle. Llegamos a sentir rechazo y, a veces, nos estorba visualmente, porque consideramos que su imagen no se corresponde con lo que nos gusta ver. Con la excusa de que tenemos prisa, pasamos de largo. Como dice Francisco, la parábola del buen samaritano no es un relato del pasado, sigue siendo vigente y nos interpela a cada uno de nosotros. Es la proximidad del pobre la que rechazamos; sin embargo, las realidades de vulnerabilidad, si las observamos desde las pantallas, nos conmueven. Es aquí donde podríamos hablar de falsedad y de pavimento, ya que estas escenas nos conmueven para que nos queden lejos.

No nos engañemos: el último recuento de personas que viven en la calle en Tarragona ciudad es de 78 sinhogar. Sin embargo, ya sabemos que las estadísticas sólo son una cifra. Sin embargo, personas que, como dice Francisco, tienen rostro, historia, corazón y alma.

Aunque nos cuesta salir de nuestro propio confort, también es necesario prestar atención al agradecimiento que hace el pontífice a las personas que dedican su tiempo a hacer un poco más fácil la vida de los diferentes colectivos de marginalidad y vulnerabilidad. Personas que atienden a necesidades físicas, psicológicas y espirituales de aquellos que no tienen ni las más mínimas condiciones para llevar una vida digna. Elementos indispensables, como el alimento, el vestido, la vivienda…, derechos inherentes a todo ser humano. Es decir, Francisco nos habla de una formación integral de la persona, teniendo en cuenta que hace sesenta años, Juan XXIII ya lo recordaba en su encíclica Pacem in Terris.

Sin embargo, el Papa no olvida otros tipos de pobreza como las que engendran las guerras o la especulación. Cada vez más, se engrosa el número de pobres por ambas realidades con lo que todo esto comporta: inanición, soledad, impotencia, debilitamiento, enfermedad y muerte.

Es hoy cuando el Papa, haciendo alusión a las palabras de Santa Teresa del Niño Jesús, nos exhorta a la necesidad de abrir nuestro corazón al amor.

Montserrat Esporrín Pons, delegada diocesana para la pastoral social
Artículo publicado en el Full dominical del 19 de noviembre de 2023 (n. 3845)