El 15 de mayo de 1978, los restos del cardenal Francesc d’Assís Vidal i Barraquer entraban en la Catedral de Tarragona. Se cumplía así la voluntad testamentaria de un cardenal exiliado que durante la guerra civil tuvo que salir del país por la persecución religiosa y la posterior dictadura no le permitió regresar.
Del traslado de sus restos desde la cartuja de la Valsainte han pasado ya cuarenta y cinco años. Por este motivo, la Biblioteca del Seminario Pontificio de Tarragona organizó, este lunes día 11 de diciembre, un acto conmemorativo de la efeméride, que contó con la participación de setenta personas. El objetivo de la celebración, según el director de la Biblioteca, Mn. Enric Mateu, fue «dar voz a las personas que trabajaron para que la voluntad testamentaria de Vidal y Barraquer y el objetivo de llevarla a cabo del arzobispo Pont i Gol fueran posibles».
Conferencia del Prof. Xavier Cortés
El acto comenzó con una breve conferencia a cargo del historiador y profesor del Institut Superior de Ciències Religioses Sant Fructuós Xavier Cortés, que planteó algunos elementos contextuales de la figura de Vidal i Barraquer. En primer lugar, destacó su relación con personalidades del catalanismo político de finales del siglo XIX, durante su etapa como estudiante de Derecho en la Universidad de Barcelona, y la maestría del Dr. Josep Torras i Bages, que le orientó en su vocación presbiteral.
Del talante del cardenal Vidal i Barraquer, Cortés destacó su «apuesta por encontrar el acuerdo con la República, que vio como una oportunidad para desarrollar la libertad de la Iglesia, desprendida del control del poder civil». Ya en su exilio, intervino a través del papa Pío XII para evitar la repatriación de personalidades catalanas, como el consejero Ventura Gassol o el propio Josep Tarradellas.
A partir de su muerte, en 1943, se produce un gran silencio en la archidiócesis en torno a la figura del cardenal Vidal i Barraquer, sólo roto por algunos momentos puntuales, como son el intento infructuoso del Ayuntamiento de Cambrils de hacerle un monumento en 1947, un encuentro de catalanes en 1965 en la cartuja de la Valsainte, donde se destacó «el compromiso con la paz y con el país del Cardenal», un homenaje celebrado en Poblet en 1967 o los actos del centenario de su nacimiento, en 1968, en Cambrils, en el que colaboró activamente Mn. Ramon Muntanyola, hasta el punto de que le llevó a escribir la primera biografía del Cardenal, Vidal i Barraquer. Cardenal de la pau.
Mons. Barbarà, Mn. Claver y el regreso del cardenal Vidal i Barraquer
Tras esta primera intervención, el acto siguió con una mesa redonda, moderada por el Dr. Andreu Muñoz, delegado diocesano para la cultura, con dos testigos directos de los hechos del traslado de los restos. Mons. Miquel Barbarà y Mn. Joaquim Claver, secretarios de la Comisión Vidal y Barraquer, expusieron cómo se llegó al regreso de los restos del Cardenal.
Por un lado, Mn. Claver destacó el papel del Dr. Joan Viladrich, que fue el secretario del Cardenal y, posteriormente, fue profesor del Seminario. Mn. Claver recordaba que durante la etapa en el Seminario nunca habló del Cardenal. Ya ordenado presbítero, Mn. Claver con Mn. Josep Maria Mitjans, pidió al Dr. Viladrich de seguir presencialmente el recorrido que había hecho con el cardenal Vidal i Barraquer y el obispo Manuel Borràs aquel verano de 1936. Fue un testigo único, que vivió todo lo que también había vivido el Cardenal durante la guerra civil y que quedó recogido por escrito.
Por su parte, Mons. Barbarà también destacó la figura del cardenal Anselm Maria Albareda, monje de Montserrat y prefecto de la Biblioteca Vaticana, que ya en 1965, poco tiempo antes de su muerte, tuvo presente la figura del cardenal Vidal i Barraquer, «injustamente exiliado de su diócesis», y aseguró que hubiera querido conducir sus restos a Tarragona.
Mn. Joaquim Claver apuntó que el traslado de los restos del Cardenal a Tarragona se convirtió en una «vindicación del Cardenal», como había expresado el monje de Montserrat y miembro de la Comisión, P. Miquel Estradé. «Se podía hablar de regreso porque no sólo se trataba de llevar los restos para dar cumplimiento a la voluntad testamentaria del Cardenal, sino que debía recuperarse el valor de la persona, su trayectoria y dar proyección», expresó Mn. Claver. En este sentido, afirmaba, «el interés era hablar del Cardenal desde la clave interpretativa de lo que había sido como Arzobispo de Tarragona y presidente de la Conferencia de Metropolitanos de España».
Ya en los preparativos del traslado, Mons. Miquel Barbarà recordaba «el recelo que tenía el presidente Josep Tarradellas» ante esta celebración y cómo «insistió mucho en que fuera sólo un acto religioso, sin representación política alguna». A nivel eclesial, Mn. Joaquim Claver recordó que se vivió «con ilusión, porque suponía devolver al Cardenal al lugar que le correspondía». Sin embargo, explicaba que se divulgó, en espacios muy reducidos, «cierta sospecha de que el Cardenal quiso marcharse al exilio y el obispo Borràs tuvo que quedarse aquí».
Mn. Claver desmintió este rumor a partir del testimonio directo del Dr. Viladrich, quien explicaba que, estando en prisión de Montblanc, la familia cardenalicia fue advertida de que un grupo de Hospitalet de Llobregat venían a buscar al cardenal Vidal i Barraquer para ejecutarlo. El obispo Borràs en ese momento dijo que se presentaría él, pero el Cardenal expresó: «Me piden a mí y me presentaré yo. Tú haz lo que puedas por la diócesis.» Y en el momento de abandonar definitivamente el país, Vidal i Barraquer insistió, hasta el final, en que también se organizara la salida de su obispo auxiliar.
Por último, en cuanto al cometido de la Comisión Vidal i Barraquer, ambos presbíteros coincidieron en destacar la tarea que se realizó para difundir el mensaje y el testimonio del Cardenal, lo que se logró con importantes documentos consensuados, entre los que cabe destacar los textos del arzobispo Josep Pont i Gol, en los que aseguraba que «el mensaje del retorno será la paz».
Francesc d’Assís Vidal i Barraquer, una figura clave en la historia de la Iglesia de Tarragona, fue definido por Mons. Barbarà como «un obispo coherente, fiel, un excelente metropolitano, conocedor de las diócesis catalanas, impulsor de la pastoral». Mn. Claver habló de él como «un obispo pacificador, siempre con la misma actitud de respeto al poder constituido, pero con la libertad de espíritu para denunciar los excesos y talantes contrarios a la Iglesia».
Para cerrar el acto, el arzobispo Joan Planellas dirigió unas palabras recordando que la primera vez que estuvo en la Catedral de Tarragona fue precisamente, como seminarista de Girona, en la celebración de la llegada de los restos del cardenal Vidal y Barraquer. En este sentido, recordó, a partir de diferentes documentos de la época, cómo se vivió ese momento.











