La religiosa Claudia Figueroa Ovando es Carmelita Teresa de San José. Procedente de Chile, realizó su formación inicial en Madrid y en Barcelona. Es licenciada en Educación Religiosa y máster en Educación e inclusión, lo que le ha llevado a desarrollar tareas en el ámbito escolar y pastoral.
Desde hace unos meses ha vuelto a Catalunya, a la comunidad del Col·legi El Carme de Tarragona, y ahora ha recibido la responsabilidad de dirigir a la Delegación diocesana para la actividad misionera y la cooperación entre las Iglesias. Hoy, conversamos con Hna. Claudia para conocer cómo afronta este nuevo encargo de la Iglesia diocesana.
—¿Cómo afronta este nuevo encargo diocesano?
La verdad es que para mí ésta ha sido una invitación a servir a la Iglesia que acojo con alegría y con mucha responsabilidad, agradecida de la confianza que el Sr. Arzobispo es depositado en mí. Una vez más, confirmo que Dios no se cansa de sorprendernos, de mostrarnos nuevos caminos, de llamarnos a su servicio, y esto va más allá de las ideas y proyectos que nos podamos trazar.
—¿Cuántos misioneros tiene la archidiócesis y cuál es su perfil?
En la archidiócesis de Tarragona tenemos un total de 27 misioneros, los cuales pertenecen a diferentes congregaciones religiosas. Por lo general, son hombres y mujeres consagrados que llevan muchos años sirviendo en la misión de evangelizar en América Latina y África y algunos también en Europa.
—¿Cómo es el contacto y el acompañamiento desde la Delegación con los misioneros?
Hasta ahora, el contacto con ellos ha sido básicamente a través de correo electrónico, pero también se les envía material para seguir en contacto con la vida de la archidiócesis. Y en algunos casos se llevan a cabo proyectos de evangelización conjuntos.
—¿Qué objetivos se plantea al frente de la Delegación?
Entre los objetivos que me he ido planteando está propiciar la conciencia misionera de cada uno de los bautizados, estamos llamados a anunciar con alegría nuestro encuentro con Jesús, allí donde nos encontramos. Ciertamente están quienes han recibido la llamada misión ad gentes y responden a ella en una primera línea de evangelización en lugares que están alejados de aquí, pero no debemos olvidar nuestra condición de discípulos misioneros.
Otro objetivo importante tiene que ver con ampliar nuestras propuestas para fomentar el espíritu misionero en los niños y en los jóvenes, y para ello es importante ponernos en camino para formar vínculos con otras Delegaciones, con las parroquias, con las escuelas.
Al final, lo importante es no cansarnos de sembrar, ya se encarga el Señor de dar crecimiento, nosotros sólo somos sus colaboradores, no somos los protagonistas de la historia, debemos aprender a ser humildes servidores.
—¿Cómo colaborar, desde Tarragona, con nuestros misioneros?
Podemos colaborar con la oración por ellos, esto siempre nos ayuda a tener conciencia de comunión como Iglesia. Ciertamente, la aportación económica también es necesaria, existen muchos proyectos para llevar a cabo y esto necesita un sostenimiento económico, porque se necesitan cosas que para nosotros son normales, como por ejemplo, construir una parroquia o formar a los catequistas.
Además, se necesita otra cosa que no siempre pensamos, y es relevo para los misioneros, hombres y mujeres que en este tiempo estén dispuestos a seguir anunciando a Jesús, allí donde todavía no lo conocen, la misión es una llamada a la que hemos de seguir respondiendo desde donde cada uno ha decidido seguir a Jesús.
Entrevista publicada en el Full dominical del 14 de enero de 2024 (n. 3853)








