La Delegación diocesana para la catequesis, que en los últimos años había estado integrada dentro de la Delegación diocesana para la evangelización, la catequesis y los jóvenes, cuenta con una nueva delegada. Se trata de Marta Cortés Martínez, de 49 años y casada.
Cortés procede del mundo del deporte, donde durante muchos años ha transmitido muchos de los valores que también se transmiten a la catequesis. Actualmente, trabaja en la Escola Joan XXIII de Bonavista como administrativa. Hace dos años que forma parte del equipo de la Delegación diocesana para la catequesis y también es catequista de la Parroquia de Sant Fructuós de Tarragona. Hoy conversamos con ella para conocer cuáles son los principales retos de la catequesis.
—La archidiócesis de Tarragona cuenta con más de 250 catequistas. ¿Qué se les ofrece desde la Delegación diocesana para la catequesis?
Desde que entré en el equipo como representante de Tarragona siempre he querido saber qué ofrecemos nosotros que sea diferente o atractivo para el resto. Enseguida mis compañeros de equipo me fueron poniendo al día de todo lo que había. Una de las propuestas que ellos tenían en mente era organizar un encuentro de catequistas. Empezamos por tener un censo actualizado, tenemos cerca de 260 catequistas, y entonces poder hacer un gran encuentro, que fue un gran éxito.
Allí pudimos enseñar y mostrar el material que tenemos y lo que podemos ofrecer. Hicimos diferentes talleres con diversos materiales presentados por tiempos litúrgicos, un taller de oratorio y un taller de nuevas tecnologías.
Además, se envía semanalmente un boletín con las novedades y recursos relacionados con el Evangelio del domingo a todos los que nos facilitaron su dirección de correo electrónico.
—¿Cuáles son sus principales objetivos y retos al frente de la Delegación?
Uno de los objetivos verdaderamente sería conocer de cerca las necesidades que tienen los catequistas. Para mí es importante que todo el mundo entienda que no es necesario cambiar, sino actualizarse. Que no por ser mayor o menor tienes más facilidades o menos. Lo necesario es tener ganas de transmitir muchas de las cosas que hacemos día a día como cristianos. Y como reto, me gustaría poder llegar a mucha más gente, no sólo catequistas, sino madres y padres, tíos y tías, abuelas y abuelos, hermanos… Y así dar a conocer que desde casa también podemos hacer mucho por los más jóvenes.
—En los últimos años, se está trabajando con nuevos métodos de catequesis. ¿En qué consisten?
La idea es transmitir estos valores que os comentaba antes mediante juegos y al mismo tiempo acercar a los niños a la oración y que ellos descubran que con pequeños gestos, pequeñas acciones, reflexiones, dibujos y palabras están iniciándose en el camino del buen cristiano. Con el oratorio queremos hacer que los niños vean que con tan sólo su presencia ya están haciendo un acto de oración.
—¿Qué papel deben tomar las familias que llevan a sus hijos en la catequesis?
Hoy en día es muy complicado que las familias se impliquen por formar parte del proceso catequético de sus hijos. A veces es mejor que la participación sea espontánea o puntual, es así como conseguimos que se acerquen sin tener dudas.
Si los niños y niñas tienen la semana programada de actividades, paralelamente las familias también tienen su parrilla de actividades.
—Y, desde la parroquia, ¿qué se puede hacer para acoger a estas familias e integrarlas en las comunidades?
Hay parroquias que organizan encuentros puntuales en los que los padres con sus hijos deben participar en una actividad previamente preparada, es muy buena idea. Eso sí, debemos estar todos dispuestos a participar. Se debe hacer comunidad y conseguir que no sólo sea por un par o tres años sino que se pueda hacer de manera continuada. Si los niños están integrados, las familias también se enganchan.
Entrevista publicada en el Full dominical del 21 de enero de 2024 (n. 3854)








