Hace unos días nos pidieron hablar sobre nuestra vocación en el seno del matrimonio. Si os decimos la verdad, no tiene ningún misterio. Ambos crecimos en una familia que se ha convertido en Iglesia doméstica. Ni siquiera tenemos en la memoria la primera vez que entramos en la iglesia. Hemos vivido y hemos crecido en la parroquia dedicándonos desde nuestra adolescencia al servicio de la catequesis de niños y jóvenes. Nunca nos planteamos hacer un paro en el camino, porque antes de dar el sí como pareja, ya lo habíamos dado al Señor.

Nuestro compromiso gira en una doble vertiente: como padres y animadores de la fe.

Como padres, desde la responsabilidad de construir una Iglesia doméstica bajo el cobijo de la parroquia.

Como animadores de la fe, actualmente y ya desde hace unos años, nos dedicamos a la pastoral juvenil: lo que llamamos lifeteen, un método de catequesis que tiene la misión de acoger a jóvenes que buscan a Jesús, jóvenes que tienen sed de Dios o jóvenes que vienen a probar, llamados por amigos o por la familia.

Entre estos jóvenes también se encuentran nuestros hijos, y creemos que es la mejor herencia que podemos dejarles: saber que nunca estarán solos, siempre tendrán al Señor, María y la familia de la Iglesia.

Si está a punto de dar el paso al matrimonio o ya está casado, le animamos a formar parte de esta gran familia desde su vocación. No podemos encender una lámpara para ponerla debajo de la cama. Seamos generosos con los dones que hemos recibido y llevamos la luz, que es Jesús.

¡Incluso Dios quiso encarnarse en medio de una familia!

Vicente Marín y Maite Muñoz, animadores de jóvenes en las parroquias de Sant Pere y Sant Pau de Tarragona y Crist Rei de Reus
Artículo publicado en el Full dominical del 21 de abril de 2024 (n. 3867)