Dios es un Padre que ama a cada uno infinitamente y por eso cada persona tiene una dignidad infinita. Ésta es la idea central del documento que ha publicado el Dicasterio para la Doctrina de la fe. Como consecuencia, «no se puede separar la fe de la defensa de la dignidad humana», y, por tanto, la evangelización y la espiritualidad cristianas incluyen el compromiso y la promoción de una vida digna para cada persona.

Es una Declaración fácil de leer que dedica tres apartados a fundamentar la importancia de reconocer la dignidad de cada persona humana como algo intrínseco a su naturaleza; inalienable, es decir, una propiedad que forma parte de su existencia y que nadie puede sustraerle; y por último, una propiedad que cada persona tiene al margen de todas las circunstancias. El último apartado se dedica a tratar algunas violaciones graves de la dignidad humana, como la guerra, el trabajo de los inmigrantes, el comercio de personas, los abusos sexuales, la violencia contra las mujeres, el aborto, la maternidad subrogada, la eutanasia y el suicidio asistido, el desprecio de los discapacitados, la teoría del género, el cambio de sexo y la violencia digital. El documento no ha pretendido tratar todos los casos de violación de la dignidad humana, sino sólo algunos que considera de especial actualidad.

El cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la fe y que firma esta Declaración, explica que la elaboración del documento ha tardado cinco años. Nos encontramos, pues, con una temática central y compleja que ha necesitado un largo proceso de maduración. Durante ese tiempo de gestación se publicó la encíclica Fratelli tutti del papa Francisco y aconteció la conmemoración del 75º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos humanos (10 de diciembre de 1948).

El papa Francisco pidió expresamente que, en el apartado de los casos de violación de la dignidad humana, se introdujeran los temas del drama de la pobreza, la situación de los inmigrantes, la violencia contra las mujeres, el comercio de personas y la guerra , entre otros. En sintonía con Fratelli tutti sólo el reconocimiento de la dignidad de cada persona humana —y hay que poner el énfasis en cada—, podremos renacer entre todos el deseo de una fraternidad mundial. Posiblemente esta Declaración nos ayude a comprometernos en la lucha contra todas las violaciones a la dignidad humana, y a no ser selectivos en los casos de violación de los derechos humanos. El reconocimiento de la dignidad de cada persona no admite marginaciones entre aquellos que son igualmente oprimidos por el mal.

Mn. Josep M. Gavaldà Ribot, doctor en Teología Moral
Artículo publicado en el Full dominical del 12 de mayo de 2024 (n. 3870)