Uno de los atributos a la Virgen María es el que nos recuerda que es madre misericordiosa. Quizás, cuando rezamos las letanías del rosario no hagamos caso suficiente al significado de cada una de ellas y las decimos sin reflexionar lo que quieren expresar cada una de estas invocaciones.

El fíate y el magnificat son las respuestas de María a la misericordia del Padre. Ella será la transmisora de esta misericordia a través de su hijo Jesús.

Como dice el papa Francisco: Ella intercede por nosotros, sobre todo en los momentos de nuestra vida en los que experimentamos incertidumbre y dolor. María está atenta a nuestras vulnerabilidades, limitaciones y pobrezas. Pongamos, por ejemplo, el milagro que hace Jesús en la boda de Caná después de la intervención que hace su madre.

María es una madre que inspira confianza y nos acoge. Tenemos plegarias que nos ayudan a dirigirnos a ella, como el avemaria, la salve o el mismo magnificat; sin olvidar que en nuestro canto a la Moreneta le pedimos «deu-nos abric dins vostre mantell blau». Sin embargo, nuestras plegarias personales y quizás más íntimas nunca dejarán de ser escuchadas. Si una madre aquí en la tierra, cuando lo es en serio, por mal que se hayan llevado a sus hijos, nunca los abandonará, con más razón la madre que tenemos en el cielo no nos dejará.

Si nosotros también le podemos llamar madre es porque Cristo, clavado en la Cruz, dirigiéndose a san Juan le dijo «aquí tienes a tu madre», una manera de entender que Jesús no quiso dejarnos huérfanos. Siempre tenemos en quien confiar. ¡También Jesús, Dios y hombre, sabía que la figura femenina es muy importante a la hora de intuir, de escuchar y de interceder!

M. Montserrat Esporrín Pons, delegada diocesana para la pastoral social
Artículo publicado en el Full dominical del 19 de mayo de 2024 (n. 3871)