El Museu Bíblic expone una interesante reproducción en yeso, a tamaño real, de la impresión de un molde de pan eucarístico conservado en el Museo Nacional del Bardo de Túnez. La pieza original fue encontrada en 1920 en las ruinas de una iglesia, a 4,5 km de Djebeniana (Túnez). El padre dominico Jean Tommy-Martin, sacerdote diocesano en Túnez, difundió ese tesoro de la cultura material litúrgica con reproducciones en yeso que hizo circular entre amigos y familiares. El ejemplar del Museu Bíblic proviene de una donación del Sr. John López. El molde original está realizado con terracota, es de forma circular y mide 16 cm de diámetro y 1 cm de espesor aproximadamente. Originariamente, funcionaba con un mango para la producción repetida de pan eucarístico. Se hacía a partir de una masa de harina de trigo sin levadura. Su cronología se enmarca entre los siglos V-VI aunque ya debieron existir ejemplares con anterioridad. San Epifanio, a finales del siglo IV, habla de la forma redonda del pan eucarístico. El norte de África estuvo muy cristianizado en época tardorromana y bizantina con gran cantidad de comunidades e iglesias, y una rica vida litúrgica y teológica. En este territorio también existieron importantes centros de producciones artísticas que exportaron sarcófagos decorados, laudos musivarios y otras creaciones con iconografía cristiana en el resto del mundo romano. El norte de África fue cuna de grandes intelectuales cristianos y teólogos, como Tertuliano, Cipriano de Cartago y Agustín de Hipona, entre otros.
Los moldes de pan eucarístico son un instrumento que ha pervivido hasta nuestros días. En el Museo de Cleveland (USA) se conserva uno en madera, datado entre los siglos VII y X, con la representación del complejo basilical del Gólgota y la Anástasis de Jerusalén. En el Museu Diocesà de Tarragona se puede ver una colección de moldes metálicos de época medieval y moderna. Hoy es usual utilizar planchas eléctricas para la producción de las hostias. Sin embargo, la tradición es la misma: el uso de la masa de pan ácimo y la estampación de símbolos eucarísticos. El molde del Museo del Bardo lleva, a modo de orla, la inscripción de un fragmento del versículo del Evangelio de San Juan (6,51): Ego sum Panis Vivus qui de celo descendi, «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.» En el centro, incisa, se encuentra la figura de un ciervo. En el libro de los Salmos (41,2) la cierva se presenta como el símbolo del alma piadosa sedienta de comunión: «Como la cierva se deleita por las fuentes de agua también se deleita por ti mi alma, Dios mío.» Sin embargo, el ciervo también es símbolo de Cristo. Jesús en la cruz tiene sed (Jn 19,28), es un anhelo de la unión con cuyo Padre hay que nutrirse. En el molde, tras el venado [en la impresión en positivo frente al animal] aparece un árbol que simboliza el árbol de la vida identificado desde antiguo por los Padres de la Iglesia como la cruz. Si la cepa viva del árbol del Paraíso lleva la muerte, la cepa muerta de la cruz lleva la vida (cf. Rm 6,1-14). A cada lado del ciervo y el árbol se representa una planta cereal y un racimo de uva esquematizada, símbolos del pan y del vino que, en el sacrificio eucarístico, se convertirán en el cuerpo y la sangre de Cristo. Por este alimento el creyente obtiene la unión íntima con Cristo, la resurrección y la vida eterna.
Andreu Muñoz Melgar, director del Museu Diocesà de Tarragona
Artículo publicado en el Full dominical del 18 de agosto de 2024 (n. 3884)








