El retablo procede de la ermita de Sant Miquel de La Pobla de Cérvoles y fue ingresado en el Museu Diocesà en 1917. Actualmente, está ubicado en la capilla de Sant Miquel de la Catedral. Es atribuido a Bernat Martorell, fechado en 1435, pintado al temple sobre mesa y dorado con pan de oro. El temple es una técnica que utiliza pigmentos en polvo y aglutinantes como la yema de huevo. El retablo presenta una mesa central con el Calvario y san Miguel arcángel venciendo al demonio. En la mesa lateral izquierda: anunciación; expulsión de Lucifer del cielo y la aparición del arcángel en el monte Gargano en Italia. En la mesa lateral derecha: el viaje de Tobías y Rafael a casa de Ragués; la lucha de los sipontinos contra los paganos napolitanos y la muerte del Anticristo. En la predela: la toma de Jesús; Jesús ante Pilato; la flagelación; la coronación de espinas y el camino del Calvario.

En la escena de Jesús ante Pilato, Cristo, derecho, es custodiado por un soldado con armadura. Éste coge a Jesús por las vestiduras. Cristo lleva túnica púrpura y está coronado con un nimbo dorado, signos de su realeza. Jesús mira a Pilato, que aparece sentado en un trono con ricas vestimentas lavándose las manos en un barreño sostenido por un siervo. Diferentes testigos observan la escena tras el sitial. Estilísticamente se aprecian las características del segundo gótico internacional ya impregnado por la pintura de Flandes. La escena participa de un mayor realismo en combinación con formas idealizadas y suavizadas y el uso del dorado ricamente trabajado. La escena nos aporta una gran cantidad de detalles trabajados con gran precisión y detallismo: las lentes de Pilato, los zapatos del sirviente, la jarra y el barreño y sus transparencias, las ornamentaciones de vestimentas y sombreros, entre otros.

El pasaje de Jesús ante Pilato nos ubica en el juicio civil contra Jesús acusado de haberse proclamado rey. Pilato pregunta a Cristo si comparte esa acusación. Jesús acaba sentenciando: «Tú lo has dicho: soy rey. Yo nací y vine al mundo para decir lo que es la verdad. Y todos los que pertenecen a la verdad, me escuchan» (Jn 18,37). Pilato hará colgar en la cruz el motivo de la sentencia en un cartel (titulus): «Jesús nazareno, rey de los judíos.» Sin embargo, su reino es espiritual aunque Dios le ha conferido el poder sobre toda realidad: «Él es el resplandor glorioso de Dios, la imagen misma del ser de Dios; y es él quien sostiene todas las cosas con su palabra poderosa» (He 1,3). Cristo Rey anuncia la Verdad. Es el rey y pastor del reino de Dios. Pío XI en su encíclica Quasprimas (1925) sobre la fiesta de Cristo Rey manifiesta que Él reina en las inteligencias, en las voluntades y en los corazones de las personas. El creyente participa ya de este Reino instaurado en la Tierra y visible a través de la Iglesia que peregrina hacia el reino celestial.

Andreu Muñoz Melgar, director del Museu Diocesà de Tarragona
Artículo publicado en el Full dominical del 24 de noviembre de 2024 (n. 3898)