La archidiócesis de Tarragona ha iniciado, este domingo día 19 de enero, la Semana de oración por la unidad de los cristianos con la celebración ecuménica que anualmente organiza el Secretariado diocesano para las relaciones interconfesionales. En esta ocasión, la oración tuvo lugar, por primera vez, en un templo de la Iglesia ortodoxa rumana, en concreto, en la Parroquia de los Santos Calínico y Fructuoso de Reus.
El acto empezó con la bienvenida de Mn. Rafael Serra, director del Secretariado organizador de esta oración ecuménica. Más de un centenar de personas siguieron las vísperas de la divina liturgia ortodoxa que oficiaron el P. Vasile Baltaretu y el P. David Baltaretu. Tras la proclamación del pasaje del Evangelio de la resurrección de Lázaro, los representantes de las diferentes confesiones cristianas ofrecieron una breve reflexión.
En primer lugar, el P. David Baltaretu, de la Iglesia ortodoxa rumana, dirigió unas palabras de agradecimiento a la Iglesia católica, que durante muchos años acogió a esta comunidad en diferentes capillas. Haciendo referencia al Evangelio proclamado, señaló que en los momentos de prueba y dificultad, «estamos llamados a estar juntos, en torno a Cristo, que es nuestro refugio y nuestra esperanza». Por eso, hay que «buscar al Salvador con un solo corazón», dijo.
El P. Baltaretu recordó que «la esperanza es el fundamento de todos los seguidores de Jesús» y que «como cristianos, nuestra unidad es un testimonio vivo de la obra de Cristo y, cuando Él es el centro, las barreras desaparecen porque Él es nuestra vida y nuestra verdad».
Por su parte, el pastor Narcís de Batlle, de la Iglesia evangélica, aseguró que hay que seguir dando pasos en el camino del ecumenismo, «orando y luchando por la unidad de los cristianos, tan necesaria para que el mundo crea». En este sentido, explicó que «Jesús nos dice que seamos uno y, mientras no sea así, debemos seguir orando, confiando y esperando en el Señor».
Arzobispo Joan: «Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa»
Por último, el arzobispo Joan Planellas hizo referencia al concilio Vaticano II, que ya reconoce que «es mucho más lo que nos une que lo que nos separa con las demás Iglesias, es decir, que estamos unidos aunque en algunos aspectos no de forma plena». También recordó el concilio de Nicea, del que se celebra el 1.700 aniversario y que nos dejó «la gran profesión de fe que compartimos todas las Iglesias, una misma fe que nos une».
El arzobispo Joan expuso que, con el fin de las persecuciones del Imperio romano, llegaron muchas controversias doctrinales, y «la Iglesia indivisa logró llegar a la unidad de fe». Por último, invitó a «pedir al Señor que, ante las miserias humanas, podamos ayudarnos unos a otros para seguir adelante en la unidad de la fe y la esperanza en Jesucristo, porque todos somos peregrinos de esperanza».








