La Hna. Núria del Santísimo Cabot Gili, carmelita descalza del Monasterio de Sant Josep i Santa Anna de Tarragona, falleció el pasado viernes día 28 de octubre a la edad de 89 años.
Nacida el 22 de marzo de 1936 en Santa Susanna de Riner (Lleida), fue la séptima hija de una familia de diez hermanos. Vivió su infancia en Cal Cabot, la casa solariega de la familia, donde vivía con los abuelos, los padres, los hermanos y algunos tíos, a menudo eran cerca de veinte personas. esta experiencia fue, para Núria, un ensayo de la vida comunitaria que le serviría de por vida. Así, de pequeña se adivinaba, en Núria, un espíritu libre y decidido, era activa y vital, valiente y fuerte.
Pronto creció con un profundo sentido de Iglesia, que la llevó a llamar a la puerta del Carmelo cuando aún no había cumplido los veinte años de edad: el día 3 de marzo de 1956 inició el período canónico del postulantado en el Monasterio de Sant Josep i Santa Anna de Tarragona. Justo en aquellos momentos, esta comunidad estaba ultimando los detalles para fundar un Carmelo en Girona a petición del obispo Josep Cartanyà. La Hna. Núria, que llevaba menos de tres meses de postulantado, fue una de las monjas del Carmelo de Tarragona enviadas a fundar esta nueva comunidad. Se trasladaron a Girona el día 24 de mayo de 1956, en el monasterio que se había construido en el barrio naciente de Montilivi.
La Hna. Núria del Santíssim vivió durante sesenta y tres años en el monasterio de Girona hasta que, hace seis años, esta comunidad fue suprimida y la religiosa volvió al monasterio de Tarragona, donde había iniciado la vida de monja carmelita descalza. Llegó acompañada de las tres hermanas que quedaban en la comunidad gerundense el día 8 de octubre de 2019. Durante todos estos años, las hermanas han experimentado el gozo de poder compartir con ella sus gozos y esperanzas, tanto a nivel de fe como a nivel familiar y humano, en el día a día de la vida comunitaria.
La estimación profunda en la Iglesia y en la Palabra de Dios fueron el punto fuerte que movió a la Hna. Núria a seguir a Jesús. Además, a partir de un proceso de discernimiento, vio que su talante encajaba con el estilo de vida propuesto por santa Teresa y san Juan de la Cruz, y, con sencillez y determinación, se lanzó a seguir sus huellas. La Palabra de Dios y los padres y santos del Carmelo fueron el alimento que moldeó su corazón, implicando su vida interior y sus relaciones.
La Hna. Núria fue una mujer y una monja feliz porque se sentía amada por Dios. Y, en consecuencia, ella le amaba y se sentía segura viviendo en comunión íntima con Él, como el Amigo y el Esposo único de su vida. Y eso lo traducía y lo atestiguaba en el trato con todos: siempre acogedora, amable, serena, con una carcajada que cautivaba, que sabía escuchar y nunca se enfadaba. Actualmente ayudaba a la portería del monasterio y algunas personas remarcaron que siempre las recibía con una bonita sonrisa que ensanchaba el corazón.
La Hna. Núria amó el campo, la tierra en la que nació; estimó a Catalunya, la lengua catalana; amó a mucha gente, los de aquí y los venidos de fuera. Así vivió Hna. Núria, dando vida a la comunidad carmelitana con su forma de ser y de hacer, al estilo teresiano: muy alegre y risueña, amable y servicial, sencilla, cercana y cariñosa.
Descanse en la paz de Cristo.








