La iglesia de San Agustín de Tarragona recuperará un espacio histórico, patrimonio de la ciudad, que permitirá descubrir íntegramente su cripta, vinculada a la evolución constructiva del templo, entre los siglos XVI y XVIII, y que lleva más de cien años permaneciendo oculta bajo el pavimento. Este verano se iniciará una intervención arqueológica que dejará al descubierto su estructura, documentarla y profundizar en el conocimiento de su evolución histórica. La voluntad del arzobispado es que en el futuro la cripta pueda abrirse a la visita pública.

La intervención, promovida por la propia iglesia de Sant Agustí -integrada en la parroquia de Sant Francesc d’Assís-, contará con la implicación activa de la Agrupació d’Associacions de Setmana Santa de Tarragona, entidad que tiene su sede en el templo, donde se custodian los pasos procesionales. La estrecha vinculación de la Agrupació con este espacio y su compromiso con la preservación del patrimonio han sido determinantes para impulsar un proyecto que combina la investigación arqueológica, la conservación preventiva y la voluntad de poner en valor un espacio hasta ahora desconocido para la mayoría de la sociedad.

En 2012, la cripta de la iglesia de Sant Agustí fue objeto de un estudio arqueológico y antropológico preliminar que documentó su existencia, valoró su estado de conservación y formuló sus primeras hipótesis de interpretación histórica. Aquella intervención, de carácter no intrusivo, ya ponía de manifiesto la necesidad de impulsar nuevas actuaciones arqueológicas que permitieran profundizar en el conocimiento científico del espacio y sentar las bases para su recuperación.

Actualmente, la cripta presenta un estado que dificulta su lectura y su interpretación. Durante las obras de renovación del pavimento del templo, en los años setenta del pasado siglo, el espacio quedó llenado con materiales procedentes de estos trabajos, ocultando buena parte de su configuración original. Desgraciadamente, este relleno favorece la retención de humedad en el interior de la cripta, circunstancia que, a largo plazo, puede comprometer la correcta conservación de las estructuras históricas.

La intervención, que se iniciará la próxima semana y que se alargará durante unas tres semanas, consistirá en la retirada de este relleno bajo control arqueológico, lo que permitirá descubrir íntegramente la cripta, documentar sus diferentes fases constructivas y comprender mejor su evolución histórica. Paralelamente, se llevará a cabo un estudio antropológico de los restos humanos conservados, con el objetivo de obtener nuevos datos sobre este espacio funerario y las personas que fueron inhumadas. La eliminación del relleno contribuirá a mejorar las condiciones de conservación del espacio, reduciendo la acumulación de humedad y preservando sus estructuras para las generaciones futuras.

Los trabajos permitirán también profundizar en el conocimiento de la evolución histórica del subsuelo de este sector de Tarragona y valorar el potencial patrimonial de la cripta en relación al conjunto arqueológico de la ciudad. Los resultados de la intervención serán determinantes para definir las futuras actuaciones de conservación y estudiar la viabilidad de una futura musealización del espacio. La voluntad del arzobispado es que, una vez recuperado y adecuadamente acondicionado, la cripta pueda abrirse a la visita pública y convertirse en un nuevo espacio de interpretación del patrimonio histórico de Tarragona.

La iglesia de Sant Agustí de Tarragona

La iglesia de Sant Agustí formaba parte del convento del mismo nombre, que al ser derribado dejó espacio para urbanizar la plaza Verdaguer. Su edificación se inició en 1576, después de la muerte del cardenal Cervantes. El proceso de construcción fue lento por la falta de recursos, pero salió adelante gracias al arzobispo Antoni Agustín. Sus partes esenciales se terminaron en torno al año 1584.

Esta iglesia perteneció a la Compañía de Jesús y se bendijo bajo la advocación de los Santos Reyes. En 1780, cuando el rey Carlos III expulsó a los jesuitas, el convento fue ocupado por los agustinos, cambiando su denominación. A raíz de la desamortización de Mendizábal, en 1835, los agustinos también fueron expulsados ​​y, aunque se mantuvo el culto, el convento se convirtió en cuartel.

En 1990, el templo fue objeto de una profunda restauración. Los últimos que se hicieron cargo de la iglesia fueron los claretianos del Corazón de María, hasta el 2014. Desde entonces, se mantiene como lugar de culto dependiendo de la parroquia de Sant Francesc d’Assís. En su interior se encuentran los diez pasos de Semana Santa de Tarragona, en permanente exposición. El escudo de la fachada, de Onofre Morell, un importante benefactor, está protegido y declarado BCIN (Bien cultural de interés nacional). El valor artístico de la iglesia viene dado por sus vinculaciones con obras de Roma y por mostrar los rasgos característicos de la denominada “Escola del Camp”.

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