9 de agosto de 2026

             El año pasado inaugurábamos un trienio pastoral que tiene como eje el seguimiento de Jesús, con un lema tomado del evangelio de Marcos (Mc 3,13-14): «Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él. E instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar». Tres momentos y tres actitudes: la escucha de la llamada, el acercamiento al Señor y el envío. Queríamos que cada uno de estos momentos marcara un curso de este trienio 2026-2028.

En el primero —este que estamos terminando— hemos puesto el acento en la llamada. El texto citado de Marcos dice exactamente: «Jesús subió al monte, llamó a los que quiso, y se fueron con él…». Si observamos la escena, el primer movimiento de Jesús es subir al monte. El «monte» es el lugar privilegiado de intimidad con Dios, es «lugar» de silencio y de oración, es «lugar» donde se puede escuchar la llamada.

Es curiosa la expresión: «los que quiso». A menudo juzgamos estas expresiones como injustas y discriminatorias porque consideramos la llamada de manera inadecuada: creemos que se trata de un privilegio, cuando es una llamada al servicio, a la misión, a la entrega de la vida.

Una de las cosas que hemos trabajado este curso ha sido, en primer lugar, quién es llamado. Hasta ahora teníamos una visión reductiva de la llamada; suponíamos que los «llamados» eran los clérigos y los religiosos. Ahora —espero que este sea uno de los aprendizajes de este curso— sabemos que todo bautizado es llamado por Jesús.

Y continúa el texto: «…y se fueron con él». La llamada no es una imposición, sino una invitación; y toda invitación pide una respuesta, en este caso, una respuesta vital. Estamos acostumbrados —todavía— al bautismo de niños, pero cada vez más, hasta el punto de que muy pronto lo habitual será el bautismo de adultos, después de un proceso de «iniciación cristiana». Fijaos en que, en este caso, se visualiza y se hace real el texto de Marcos: personas que se han sentido llamadas por Jesús y que han respondido «yendo» hacia Él y comenzando un proceso de «escucha» vital, un proceso transformador y configurador.

Esta es la propuesta de este segundo año del trienio: «…para que estuvieran con Él». Hemos escuchado la llamada, hemos respondido y hemos ido hacia Él; es el momento de ponernos a sus pies para escucharlo. Es aquel segundo momento, no solo formativo sino «conformativo», aquel momento en que, por medio de la lectura meditativa de la Sagrada Escritura, la oración y los sacramentos, nuestro espíritu es iluminado y fortalecido por el Espíritu del Señor.

La Asamblea diocesana que celebramos el 13 de junio nos pedía insistentemente la implementación del acompañamiento y de la escuela de oración: dos iniciativas imprescindibles para desarrollar este «segundo momento» después de la llamada. Todos estamos comprometidos.

Sin su abrazo amoroso, la llamada no tendría sentido y la misión sería una tarea ardua y estéril. Llamados a estar con el Señor antes de ser enviados en misión y, al terminar la jornada, llamados a volver a Él.

Santiago Soro Roca, pbro.
Vicario general