Juan Pablo II llamaba a Latinoamérica «el continente de la esperanza». Son países con población joven y con un sustrato cristiano que se mantiene mucho más vivo que en Europa.

Según el Pew Research Center, viven en ella más de la mitad de los católicos del mundo. De su población, a escala continental, el 69% son católicos y el 19 % protestantes. Las creencias son, pues, cristianas y se remontan a siglos atrás, cuando llegaron los primeros misioneros.

El primer domingo de marzo la Iglesia española celebra el Día de Hispanoamérica. Son naciones que tienen un idioma común no solo en la lengua sino en los sentimientos religiosos, por ejemplo, en la devoción mariana. Una manera plástica de expresarlo se encuentra en la Basílica del Pilar de Zaragoza, donde desde 1908 se exhiben al lado de la Santa Capilla las banderas de todos los países de la América hispana.

En este domingo recordamos a los misioneros que se encuentran en aquellas tierras al otro lado del Atlántico, herederos de quienes sembraron la fe y hallaron una tierra fértil donde enraizó la semilla del Evangelio.

Una de las pruebas de vida cristiana consistente es el florecer de la santidad y en el continente tenemos muchos ejemplos, desde la peruana Rosa de Lima, primera americana canonizada, en 1671, hasta San Óscar Romero, el arzobispo de San Salvador elevado a los altares por el Papa Francisco el año pasado. Podríamos citar aún a santos muy populares, desde el mejicano Juan Diego, primer indígena canonizado, hasta Pere Claver o Martín de Porres.

Hay que imaginar las condiciones en las que llevaron la fe los primeros misioneros, enfrentándose no pocas veces a los abusos de los colonizadores que invocaban al Dios cristiano pero que con sus actuaciones no daban testimonio de la doctrina de Cristo.

Hemos tenido el gozo de ver los frutos de la siembra cristiana incluso en el número de vocaciones sacerdotales y religiosas. Personalmente agradezco la labor que ejercen en nuestra Iglesia local sacerdotes llegados de estas tierras americanas. Aprenden nuestra lengua catalana y se integran perfectamente en las necesidades pastorales que en Cataluña son más necesarias que nunca para atender a los fieles.

Este domingo también deseo recordar la proximidad de la Cuaresma, que comienza este próximo miércoles, un tiempo de preparación para los grandes misterios de la pasión y resurrección de Jesucristo. Meditemos en la misericordia infinita de Dios que en su amor sale a nuestro encuentro y abrámosle las puertas de nuestra vida. Con ello aseguraremos la felicidad en esta tierra, aunque con contradicciones, y en la vida eterna.

 

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

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