Este Lunes Santo, día 6 de abril, el arzobispo Joan Planellas ha presidido su primera misa crismal en la Catedral, a puerta cerrada, en la que se han bendecido los santos óleos.

Durante la celebración, a la cual ha asistido un grupo de sacerdotes en representación de todos los sacerdotes de la archidiócesis, se han bendecido los santos óleos —de los enfermos y de los catecúmenos—, y se ha consagrado el crisma —para los sacramentos del bautismo, la confirmación, la ordenación de los presbíteros u obispos, y las dedicaciones de las iglesias. Más adelante, cuando termine el estado de alarma sanitaria, los sacerdotes renovarán las promesas sacerdotales.

El arzobispo Joan ha expresado, en la homilía, el contraste de sentimientos vividos. «Por un lado, siento la alegría de celebrarla por primera vez como obispo de esta querida archidiócesis de Tarragona», ha dicho, «pero, por otro lado, tengo la inquietud de pensar en todos los enfermos y enfermas de la pandemia casi universal que nos ha sobrevenido, siento la desazón y la angustia por todos los que han muerto, siento la desazón de tener que celebrar la misa del santo Crisma a puerta cerrada, sin la presencia física de la mayoría de los sacerdotes de la diócesis, sin los consagrados y consagradas, sin el Pueblo santo de Dios. Al menos, me consuela sentir de corazón la presencia espiritual de todos vosotros».

«La Semana Santa de este año, marcada por la pandemia del coronavirus, se sitúa también en el marco del vigésimo quinto aniversario del Concilio Provincial Tarraconense de 1995», remarcó el Sr. Arzobispo pidiendo hacer «una adecuada recepción en el marco de nuestras Iglesias».

Centrándose en las lecturas de la celebración, y dirigiéndose especialmente a los sacerdotes, el arzobispo ha explicado que la imagen de la unción con el perfume que se derrama y se esparce por los vestidos significa que el sacerdote celebra cargando sobre sus hombros el pueblo que se le ha confiado y llevando sus nombres grabados en el corazón. «Cuando celebramos la Eucaristía y nos revestimos con nuestra humilde casulla», ha expresado, «nos debe hacer sentir que llevamos a nuestras espaldas las preocupaciones y las esperanzas del Pueblo santo de Dios que se nos ha confiado. Y hoy, sentimos las preocupaciones y las esperanzas, los llantos y las angustias de nuestros enfermos y de todos los que han sufrido la pérdida de algún ser querido por culpa de la pandemia que estamos sufriendo durante todo este tiempo». «Al buen sacerdote se le reconoce inmediatamente por la forma como se encuentra ungido su pueblo. Esta es una prueba clara. Al buen sacerdote se le reconoce cuando su comunidad se encuentra ungida por la vivencia de la fraternidad cristiana», manifestó. «Queridos sacerdotes. El sacerdote que no experimenta su unción, se pierde lo mejor de nuestro Pueblo, se pierde lo que es capaz de activar lo más profundo de un corazón de pastor. El que unge poco, en vez de mediador acaba siendo un gestor, un funcionario», afirmó.

En la homilía, el arzobispo Joan también felicitó quienes este año celebran las bodas de oro sacerdotales, que son Mn. Francesc Esteso Cuenca y el P. Ramon Olomí Batlle, claretiano; y ha tenido un recuerdo por los cinco sacerdotes diocesanos que han traspasado desde la última misa crismal: Mn. Jordi Barenys Capellades, Mn. Ramon Martí Olesti, Mn. Jaume Roig Roig, Mn. Enric Alberich Ferrando y Mn. Joan Aragonès Llebaria.

Esta celebración ha sido retransmitida en directo por la web del Arzobispado, por su página de Facebook y por su canal de Youtube.

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