La archidiócesis ha celebrado este martes, día 21 de enero, la festividad de sus santos mártires Fructuoso, obispo, y Augurio y Eulogio, diáconos.

Este año, debido a la inclemencia del tiempo, la plegaria y lectura de la Pasio Fructuosi, que recoge de la historia de este proceso martirial, inmortalizado entre mediados del siglo III dC e inicios del siglo IV dC, tuvo lugar en la capilla de san Fructuoso de la Catedral en lugar del anfiteatro romano. En el acto, organizado por la Asociación Cultural San Fructuoso, el Sr. Arzobispo, Mons. Joan Planellas, manifestó su emoción al escuchar este testimonio martirial. «Siempre me ha impresionado la cálida transcripción y sencillez de las Actas. […] Que este testimonio nos ayude a ser buenos testigos del Evangelio de Jesús y hombres y mujeres esperanzados», dijo.

Por la tarde, en la Catedral, se celebró la misa pontifical de San Fructuoso presidida por el Sr. Arzobispo y concelebrada por el Capítulo de la Catedral, por los sacerdotes de la ciudad y de la archidiócesis con el acompañamiento musical del Coro y Orquesta de los Amigos de la Catedral. También se contó con la participación del Dr. Nicolau Condrea, arzobispo ortodoxo rumano de Estados Unidos de América y metropolitano ortodoxo rumano de las Américas; el Dr. Vasile Valtaretu, rector de la parroquia ortodoxa rumana de los Santos Calinico de Cernica y Fructuoso de Tarragona acompañado por su hijo, Sr. David Valtaretu.

La celebración se inició, como es habitual, con la procesión de entrada y el traslado de la arqueta con las reliquias desde la capilla de san Fructuoso hasta el presbiterio, donde fueron colocadas bajo el altar.

En la homilía, el arzobispo Joan reflexionó sobre el martirio, palabra griega que etimológicamente significa «testigo». «El martirio cristiano es dar la vida con consentimiento libre. […] No quiere decir que los mártires no les guste la vida, que no valoren lo que tienen que dejar, y muy especialmente las personas que aman. Sin embargo, ante el dilema, no están dispuestos a renunciar a la fe», expresó. El prelado apuntó que «el martirio no es nunca una opción personal. No se debe buscar. Es un don que se recibe, se acoge y abraza. La virtud más propia de los mártires no es coraje sino la esperanza, la confianza total en Dios».

Mons. Planellas también hizo referencia a la inauguración del Concilio Provincial Tarraconense, hace veintidós cinco años. «Hoy iniciamos solemnemente este aniversario que la iremos celebrando y rememorando durante estos meses, hasta el próximo día 30 de mayo, víspera de Pentecostés, con una celebración eucarística aquí mismo con todos los obispos de Cataluña».

Antes de concluir la celebración, el Arzobispo ortodoxo rumano, Dr. Condrea, dirigió unas palabras a los presentes manifestando su alegría de poder compartir la memoria de estos santos en Tarragona. Agradeciendo al Sr. Arzobispo su atención hacia la comunidad ortodoxa rumana en la archidiócesis le entregó como obsequio un diploma y una cruz metropolitana americana, la distinción más alta de la comunidad ortodoxa rumana.

La celebración finalizó con la veneración de las reliquias de los santos mártires tarraconenses y el canto de los Gozos.

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