Queridos diocesanos, estos días estamos en plena peregrinación a Lourdes organizada, como cada año, por la Hospitalidad Diocesana de Nuestra Señora de Lourdes. En Tarragona, la Hospitalidad fue creada en el año 1973 por el arzobispo Josep Pont i Gol. Por tanto, este año se trata de la 47 peregrinación.

Precisamente regresando de la 8ª peregrinación diocesana, en una conversación en la radio, el Dr. Pont i Gol habló afectuosamente y con abundancia de su corazón de lo que significaba para él la Hospitalidad y el sentido de la peregrinación. «A Lourdes» —afirmaba el arzobispo Josep— «se puede ir por diferentes motivos: desde un simple turismo curioso, hasta una romería austera y llena de sentido eclesial. De todos modos, de entrada, yo diría que ir a Lourdes incluso sólo por curiosidad, es siempre algo bueno. El hecho de Lourdes, por su magnitud, por su ya más que centenaria historia, por su internacionalidad, y por el ambiente que, se quiera o no se quiera, se respira, normalmente siempre tiene que hacer bien.

Hay que decir que la Hospitalidad la forman un buen grupo de personas con ganas de servir y acompañar a nuestros enfermos y poner en práctica lo que la Virgen pidió a Bernardeta, que no es otra cosa que el Evangelio de las Bienaventuranzas. Cada año, la Hospitalidad se pone en camino. Es, en definitiva, el camino de la fe en Jesucristo, donde María, su Madre, nos acompaña. Ella siempre nos lleva hacia su hijo Jesús, y nos dice, como dijo en Caná de Galilea: «Haced lo que él os diga» (Juan 2,5). Y lo que Jesús nos dice es que nos pongamos en la escuela de las bienaventuranzas, en la escuela del servicio y de la generosidad. Sólo así haremos una cata de felicidad auténtica, aquella que el mundo no puede dar, pero que lleva a la joya del Evangelio que nada ni nadie nos podrá quitar.

Acompañar en la fragilidad nos pone verdaderamente en la escuela de Jesús. La enfermedad como experiencia pone en juego la totalidad de la existencia humana y tiene siempre un sentido sagrado para la persona. La enfermedad nos enfrenta realmente ante lo que es la vida, y nos pone en frente las verdaderas preguntas sobre el sentido que tiene vivir en este mundo, así como también nos enfrenta ante las preguntas últimas y definitivas de nuestra existencia. Hoy muchas personas viven la enfermedad y el sufrimiento en una «frustración existencial», una frustración proveniente del contraste entre lo que esperamos de la vida y lo que ella realmente nos da. Nuestra esperanza en la vida se encuentra artificialmente inflada por el mito moderno del bienestar, del tener y del poseer. De aquí que la frustración sea más dolorosa. Ir a Lourdes es, por tanto, una dosis de realismo. Acompañar a Lourdes los enfermos nos hace cambiar el «verbo» de nuestros anhelos y deseos: Paulatinamente, imperceptiblemente, vamos pasando de conjugar el «tener» y el «poseer» al «ser» y al «dar». Lourdes nos humaniza, nos hace ser personas verdaderas, nos invita a ser cristianos auténticos, nos pone en la escuela de Jesús. Por eso, como decía el arzobispo Josep, Lourdes siempre nos hace bien.

† Joan Planellas i Barnosell
Arzobispo metropolitano de Tarragona

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