Con motivo de la celebración del Primero de Mayo como Día internacional de las trabajadoras y trabajadores, los movimientos y colectivos obreros cristianos de Cataluña y Baleares (ACO, HOAC, JOC, MIJAC, Curas Obreros y Religiosas/os en barrios obreros y populares) y las delegaciones de Pastoral Obrera de las diócesis de Cataluña, quieren avanzar en tomar conciencia de los retos que necesitamos afrontar como sociedad para crecer en justicia y equidad.

Es un reto urgente, dado que constatamos:

Que la clase trabajadora, en nuestro país, ha visto agravada su situación por la crisis sanitaria, económica, laboral, social, de equidad de género, ecológica y ética, produciéndose un incremento de la desigualdad social en este último año. Esta se manifiesta en:

La precarización continua de las condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras, con una exigencia de mayor flexibilidad y pérdida de derechos (paro, ERTE, temporalidad, trabajo a tiempo parcial involuntario, falsos autónomos, reducción del sueldo, externalización de servicios, bajas pensiones, brecha salariales mujer-hombre, desnormativització, incumplimientos normativos a las empresas …).

A esta precariedad del trabajo y de las vidas, hay que sumar unas políticas sociales que no tienen cuidado de las necesidades básicas de las personas. Los derechos como la vivienda, la sanidad, la educación y el trabajo se mueven por intereses económicos, por lo que no han sido derechos cuidados ni respetados y que los efectos de la pandemia han mostrado las consecuencias de este debilitamiento.

En nuestra sociedad, el hecho de ser mujer, continua significando discriminación y desigualdad en el ámbito laboral, social y familiar. A diario se producen muertes y agresiones por violencia sexista, así como discursos a los medios de comunicación que llegan a banalizar esta violencia y los movimientos sociales de denuncia de esta.
Para hacer frente a los efectos de la pandemia no se han materializado las medidas de ayuda hacia la sociedad (retrasos de las ayudas, obstáculos en el acceso …), creando muchas dificultades de las personas y familias para salir adelante . Se está afrontando la pandemia sólo desde una mirada económica, esto ha llevado a un desbarajuste de medidas que no han acabado de dar respuesta a las necesidades generadas.

Finalmente, constatamos que ante este proceso de aumento de las desigualdades se ve agravado por una crisis democrática (que viene de antes de la pandemia). Nos encontramos con una continua criminalización y judicialización de personas y de movimientos que plantean un nuevo modelo social. Hay que tener cuidado con la reducción de los derechos políticos por razón de la pandemia (limitaciones a las manifestaciones de carácter laboral, feminista, social y político …) para no normalizarlos!

Ante esta realidad, desde nuestra mirada obrera y cristiana a la luz del Evangelio, es fundamental que descubrimos la esperanza de lo que ya es presencia de Dios entre nosotros, por eso:

Creemos que hay que:

  • Actuar con responsabilidad y sentido comunitario. Es el momento de que la responsabilidad individual y colectiva se haga efectiva, que nos planteamos como prioridad el acompañamiento a las personas en situación de mayor vulnerabilidad y generamos respuestas personales y colectivas que pongan en el centro a la persona.
    Denunciar lo que está haciendo el sistema dominado por los intereses económicos de los grandes monopolios y oligopolios, que aprovechan la crisis como una oportunidad económica y no como una oportunidad para construir una sociedad más justa y equitativa (sólo hay que ver qué ha pasado con las farmacéuticas y su enriquecimiento con las patentes de las vacunas para hacer frente a la pandemia). Tal como expresamos al comunicado final de la Jornada de Estudio de la Pastoral Obrera de Cataluña de este año 2021,

La política con mayúsculas debe reivindicarse como contribuidora a aportar soluciones y no crear problemas, como a menudo y desgraciadamente pasa. Pero no podemos prescindir de ella, porque su ausencia nos lleva a vivir bajo la ley del más poderoso. No debemos caer en el desánimo y hacer sólo descripciones de lo que nos oprime. El papa Francisco nos anima a la acción: «… el futuro de la humanidad se encuentra en gran medida en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas».

Así, para ponernos en acción, como personas cristianas en el mundo obrero, hay que ponemos en marcha o nos sumamos a todas aquellas iniciativas que buscan alcanzar un mundo más justo y equitativo.

Actuamos por:

La construcción de un modelo social que nos permita afrontar la crisis climática, generando una economía que tenga cuidado de la casa común de todas y todos.

Un modelo que se base en una respuesta a la mercantilización de los servicios públicos (sanidad, educación y vivienda). La pandemia nos ha hecho aún más evidente la necesidad de que estén sujetas al bien común.

La autoorganización de las trabajadoras y trabajadores, a través de los sindicatos y los movimientos sociales, para avanzar en la mejora de las condiciones de trabajo, las pensiones, la Renta Garantía de Ciudadana, la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres … y tantas y tantas reivindicaciones de la clase trabajadora, priorizando los sectores más excluidos y empobrecidos.

En definitiva, un compromiso para estar presentes como cristianos y cristianas en el espacio público y político, trabajando con tanta y tanta gente compañera en las luchas por una sociedad más justa, equitativa y respetuosa con el mundo y que ponga a las personas en el centro.

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