Al Pueblo Santo de Dios que peregrina en Tarragona

En el nombre de la Santísima Trinidad. Amén.

Con mucha sorpresa y emoción he recibido la noticia de que el Santo Padre Francisco me ha nombrado arzobispo metropolitano de Tarragona. Le agradezco de corazón la confianza que me otorga. Mi agradecimiento se extiende a la Iglesia diocesana de Girona, de la que he formado parte hasta el día de hoy, y a su obispo Francesc.

Con una gran ilusión pero con no menos respeto iré a servir a la Iglesia de Tarragona que entronca nuestra querida tierra con los orígenes del cristianismo, con «la semilla apostólica primera», como afirma el Concilio Vaticano II en su Constitución sobre la Iglesia (Lumen gentium, 20), recordando la enseñanza de San Ireneo de Lyon y de Tertuliano.

Me encomiendo a San Pablo apóstol, al santo obispo Fructuoso, y a sus diáconos Augurio y Eulogio. Como afirmaba el santo obispo en el momento de su testimonio supremo, en esta hora «debo tener en el pensamiento toda la Iglesia, de oriente a occidente». Me sostengo también en la última esperanza del protomártir Fructuoso, consciente de que «el amor y la promesa del Señor nunca podrán fallar, ni en este mundo ni en el otro». Del mismo modo, me pongo bajo la intercesión de la Virgen María, bajo la advocación del Claustro, y de Santa Tecla, patrona de la ciudad de Tarragona. Que Santa María me proteja bajo su manto y me conduzca hacia su Hijo Jesucristo, para que pueda dar siempre testimonio de Él entre vosotros.

En primer lugar, quiero saludar con especial afecto a toda la Iglesia, que es el santo y fiel Pueblo de Dios que hace camino en Tarragona «entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios», como afirmaba San Agustín (De civitate Dei, 18,51,2; cf. Lumen gentium, 8), anunciando la cruz, la muerte y la resurrección del Señor hasta que vuelva (cf. 1 Corintios 11,26). Un Pueblo con muchos rostros y miradas, inquietudes y esperanzas, ministerios y servicios, pero que tiene por distintivo la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, por ley el mandato nuevo de amar como Cristo nos ha amado y por objetivo el Reino de Dios prometido (cf. Lumen gentium, 9).

De manera particular quiero expresar mi cordial admiración por quien durante casi quince años ha sido el estimado pastor de esta Iglesia, el Arzobispo Dr. Jaume Pujol Balcells. Hay que agradecerle su firme dedicación y su servicio pastoral constante a lo largo de estos años. Me uno también a todos los sacerdotes y diáconos: os quiero tener siempre en mi corazón, sabiendo que ya sois mis amigos y seréis también mis colaboradores y consejeros necesarios en el ministerio encomendado. A muchos ya os conozco por el trato mantenido en la Facultad de Teología de Catalunya o en el mismo Seminario Mayor Interdiocesano; a los demás, espero conoceros pronto, pero lo que quiero es abrazar a todos. Pienso también en los religiosos y religiosas, y en las demás personas consagradas que viven la vida evangélica en la fraternidad y en la caridad. Saludo también todos los laicos que están comprometidos con la Iglesia y con el mundo, sembrando las semillas del Reino de Cristo. Pido al Señor que nunca perdamos el entusiasmo «para escuchar la llamada del Señor al riesgo de la fe, y dar todo sin medir los peligros», como afirma el Papa Francisco en su reciente Exhortación postsinodal a los jóvenes. Porque, como él mismo añade, la Iglesia debe mantenerse joven «para no caer en la corrupción … para no enorgullecerse, por ser más pobre y testimonial, para estar cerca de los últimos y descartados, para luchar a favor de la justicia, para dejarse interpelar con humildad» (Christus vivit, 37).

El reto más grande de la Iglesia catalana es, en palabras del Papa Francisco, ser una Iglesia en salida, evangelizadora y misionera. Esta es la única respuesta posible ante la situación actual. Se trata de un reto que tenemos que formular con una actitud propositiva y de diálogo abierto, con la sencillez, humildad y pobreza de las bienaventuranzas y con espíritu de conversión, de renovación y de reforma a la luz del Evangelio. Un reto que sólo podremos cotejar adecuadamente si creemos en la unidad pastoral de las Iglesias con sede en Cataluña y con aquellas actitudes sinodales de escucha de los unos hacia los otros a la luz del Espíritu.

En este sentido, quisiera trabajar por la unidad eclesial con todos vosotros y con un alto sentido de comunión, en la Iglesia que el obispo de Roma, el Papa Francisco, preside en la caridad.

También quisiera ofrecer mi cercanía a todos aquellos, hombres y mujeres de buena voluntad, que anhelan un mundo diverso y mejor, sea cual sea su confesión cristiana, su religión o proyecto de vida. Y quisiera ofrecer esta cercanía especialmente a los que pertenecen al mundo de la Universidad, de la cultura y de los medios de comunicación.

Desde hoy pido la oración de todos vosotros para esta nueva etapa que se abre en la Iglesia de Tarragona y en las diócesis hermanas.

A todos los que conformáis la Iglesia de Dios que peregrina en Tarragona os tengo muy presentes en la plegaria y en el corazón, y muy especialmente a los enfermos, a los que sufrís los embates de la vida o padecéis alguna desesperanza.

Que Dios os bendiga a todos.

Joan Planellas i Barnosell,
Arzobispo electo de Tarragona
4 de mayo de 2019

Start typing and press Enter to search

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR

Aviso de cookies