Como ya es tradición, el día 21 de enero, memoria del martirio en el año 259 dC los santos Fructuoso, obispo; y Augurio y Eulogio, diáconos, la ciudad de Tarragona inició la celebración de la solemnidad en el anfiteatro romano con la oración y la lectura de la Passio Fructuosi, recopilación de la historia de este proceso martirial, inmortalizado entre mediados del siglo III dC e inicios del siglo IV dC. El acto, organizado un año más por la Asociación Cultural San Fructuoso, contó con la participación de Mons. Teófilo de Iberia, obispo ortodoxo rumano de España y Portugal y el P. Vasile Baltaretu, rector de la parroquia rumana de San Calinico y de San Fructuoso de la ciudad.

Por la tarde, en la Catedral, tuvo lugar la misa pontifical de San Fructuoso presidida por el Sr. Arzobispo y concelebrada por el Capítulo de la Catedral, y los sacerdotes de la ciudad y la archidiócesis, con el acompañamiento musical del Coro y Orquesta de los Amigos de la Catedral. La celebración se inició con la procesión de entrada y el traslado de la arqueta con las reliquias desde la capilla de san Fructuoso hasta el presbiterio, donde fueron colocadas bajo el altar. En esta ocasión también había una pequeña arqueta con reliquias de los santos protomártires procedentes de la Abadía de San Fructuoso de Capodimonte procedente de la archidiócesis de Génova, reliquias que el Sr. Arzobispo entregó a Mn. Josep Masdéu, rector de la Parroquia de San Fructuoso de Tarragona para su veneración.

Un deber de gratitud

«Estamos en una celebración particular de nuestros protomártires», destacó el Sr. Arzobispo al inicio de la homilía. «El sábado 23 de marzo, a las once de la mañana, habrá la beatificación de Marià Mullerat i Soldevila muerte por odio a la fe. Como Fructuoso, Augurio y Eulogio murió por el hecho de profesar su fe cristiana» añadiendo que «hay que aprender la lección de estos hombres que murieron, fieles a la fe, con palabras de perdón a los labios y con la esperanza de la vida eterna». El prelado puntualizó que «el martirio, según el sentir de la Iglesia, no es el reconocimiento ni de unos caídos ni de unos héroes en un conflicto. La Iglesia no levanta ninguna bandera sino la de la fe. […] Cuando la Iglesia proclama la bienaventuranza de los siervos de Dios que han sido fieles a la fe hasta la muerte, simplemente cumple un deber de gratitud: reconoce su ejemplo, que es digno de imitación y se encomienda a su intercesión».

Antes de concluir la celebración, el Sr. Obispo ortodoxo rumano de España y Portugal, Mons. Teófilo de Iberia manifestó su alegría de poder compartir la memoria de estos santos en Tarragona. «Leyendo las actas de su martirio quedé impresionado por su fe pero también por su amor hacia su comunidad», dijo. «Estos santos son una fuente de luz y de gracia para muchas generaciones de cristianos». Para agradecer al Sr. Arzobispo su atención hacia la comunidad ortodoxa rumana presente en la archidiócesis van entregarle como obsequio una Cruz.

La celebración finalizó con la veneración de las reliquias de los santos mártires tarraconenses y el canto de los gozos.

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