Cuando todos hubieron salido y cerrado la puerta de la habitación, Tobías se levantó de la cama y dijo a Sara: «Levántate, mujer. Vamos a rezar pidiendo a nuestro Señor que se apiade de nosotros y nos proteja». Ella se levantó, y comenzaron a suplicar la protección del Señor. Tobías oró así:
«Bendito seas, Dios de nuestros padres,
y bendito tu nombre por siempre.
Que por siempre te alaben
los cielos y todas tus criaturas.
Tú creaste a Adán y le diste
a Eva, su mujer, como ayuda y apoyo.
De ellos nació la estirpe humana.
Tú dijiste: “No es bueno que el hombre esté solo;
hagámosle una ayuda semejante a él”.
Al casarme ahora con esta mujer,
no lo hago por impuro deseo,
sino con la mejor intención.
Ten misericordia de nosotros
y haz que lleguemos juntos a la vejez».
Los dos dijeron: «Amén, amén».
Palabra de Dios.








