Hoy empezamos el camino de Adviento que nos lleva a la Pascua y pasa por Belén. El día de la Purísima empezaremos a arreglar el pesebre de casa. En mi casa, más de 40 belenes llenarán todos los rincones del hogar. Han venido de todas partes con diversas representaciones inculturadas del evento que cambió la historia de la humanidad. Todo el nacimiento de un niño, Jesús, ¡pero es el Hijo de Dios!

Este año se cumplen 800 años de la primera representación viviente del pesebre. Fue en una cueva de las afueras de Greccio, pequeño pueblo cercano a Rieti, en la región del Lacio. Francisco de Asís hacía poco que había peregrinado a Tierra Santa. En Nochebuena de 1223, el santo, revestido de diácono, cantó el Evangelio del nacimiento de Jesús ante un bebé puesto en un pesebre. Mientras tanto, un fray menor presbítero celebró la eucaristía. Algunos vecinos acudieron con reverencia y emoción.

En Asís, en la basílica superior, en la parte izquierda de la nave en el recuadro junto al presbiterio, Giotto di Bordone pintó la escena de la cueva de Greccio: el santo abrazando y adorando al bebé.

En Roma, en la basílica de Santa María la Mayor, en su museo, podemos admirar el primer pesebre representado en ocho figuras esculpidas por Arnolfo da Cambio, en 1291. Allí mismo, si bajamos las escaleras debajo del altar, encontramos , refulgente, un precioso relicario que más bien oculta que muestra un tesoro: cinco listones de madera del pesebre-cuna de Jesús. Según la tradición romana, que viene del siglo V, son lo que resta de la construcción de una imitación del lugar del nacimiento con objetos-reliquias traídos de Belén.

Quizás la fiesta de Navidad es la más universal, después de la que debe ser la primera: el ruidoso paso del año viejo al nuevo. Navidad es más íntima, a la vez más diversa. En las mesas familiares numerosas y abundantes, en las representaciones teatrales y las de calle, en las vacaciones y en los comercios, en el canto de los villancicos en todas las lenguas y tonadas, en las ornamentaciones nuestras o importadas, en el tió generoso o tacaño . Casi por todas partes, en medio de esta maraña, cerca hay un pesebre, la representación del nacimiento. O en una iglesia bellamente iluminada, lista para proclamar el anuncio de la historia del inicio de la salvación de la humanidad desconcertada y desanimada. O en tantas casas del vecindario preparadas para acoger a quienes, aunque unidos por los lazos de la sangre y el cariño, hace tiempo que no se abrazan.

Tú eres una figura de ese belén. ¿Qué papel juegas? ¿Cómo te mueves? ¿Estás caminando o espolvoreado? ¿Vas en buena dirección o hacia un callejón sin salida? ¿Has captado la luz nacida en Belén y te encaminas? ¿Has oído el anuncio del nacimiento y tu corazón se ha abierto? ¿Buscas compañeros de camino para que refuercen tu decisión de ir al encuentro con el Niño de María? ¿Te has encontrado con la mirada tierna y cautivadora del Hijo de Dios que es tu Hermano? ¿Te fías de Él para seguirle, día a día, paso a paso, hasta el fin? ¿Haces de su Evangelio y de su Pan de Vida el alimento de tu compromiso por el Reino del amor y la justicia, por el cuidado de la Madre Tierra y por la construcción de la Comunión Fraterna?

Tu sí te aparta la oscuridad de la duda y te alivia el paso de la fragilidad, te ilumina con la luz de Belén que asegura el camino, ya te hace vislumbrar, en el horizonte, el Sol sin puesta de la Vida para siempre.

Josep Bofarull, pbro.
Artículo publicado en el Full dominical del 3 de diciembre de 2023 (n. 3847)