Esta semana entrevistamos a la nueva delegada diocesana para la juventud, Aida Solé. De 36 años, está casada y tiene una amplia formación en el ámbito de la educación, como diplomada en Magisterio de Educación Especial, licenciada en Psicopedagogía, titulada con la DECA y con el Título de Experto Universitario en Dirección de Centros Escolares. Desde hace más de diez años ejerce de maestra en el Col·legi El Carme de Tarragona, de la Fundació Teresa Guasch, del que también ha sido su directora.

Solé es catequista de jóvenes en la Parroquia de Sant Pere Apòstol de Torredembarra. Desde hace dieciocho años forma parte del equipo de la Delegación diocesana para la juventud, que ahora dirige. Conversamos con ella para conocer cómo se trabaja la pastoral juvenil en nuestra archidiócesis y cuáles son los principales retos a afrontar.

—¿Con qué retos y objetivos afronta el encargo de dirigir a la delegación encargada de la pastoral juvenil a la archidiócesis?

Ciertamente ejercer un cargo de estas dimensiones siempre es un reto, a pesar de haber formado parte desde joven del Equipo de la Delegación y saber cómo funciona internamente. Los retos son muchos, pero también es necesario ser realista, ser consciente del momento actual en el que nos encontramos e ir avanzando poco a poco y con paso firme. Uno de los grandes retos es llegar a la pastoral juvenil, a quienes una vez confirmados se desvinculan cuando van a la Universidad. Con estos jóvenes se debe llegar ya menudo no es fácil. El objetivo sería continuar consolidando, con la buena participación que a día de hoy tenemos en los eventos que organizamos, las actividades diversas que vamos ofreciendo como Delegación.

—¿Cuál es la realidad actual de la pastoral juvenil en nuestra archidiócesis?

La pandemia marcó un antes y un después como en casi todos los ámbitos. En nuestro caso, después del bajón vemos como poco a poco la participación de los jóvenes es cada vez mayor. Este hecho nos anima a la Delegación ya los animadores de jóvenes de cada parroquia a seguir trabajando para ellos y para el Reino, a seguir ofreciendo diversidad de actividades allí donde cada uno de ellos encuentre su sitio. Hay que ser cuidadosos a la hora de pensarlas y diseñarlas, ya que tenemos un abanico de edades muy grande, y es necesario que haya espacio y momentos para todos.

—El pasado verano, una cincuentena de jóvenes diocesanos participaron en la Jornada Mundial de la Juventud. ¿Cómo se traslada esta experiencia a la pastoral juvenil diocesana y parroquial?

Participar en una Jornada Mundial de la Juventud, a pesar de ser una actividad de grandes dimensiones, con gente de todo el mundo, hace que después sea necesario aterrizarla en la realidad de cada parroquia y cada diócesis. Una JMJ no puede quedar nunca como un evento puntual donde los jóvenes hacen una buena experiencia, y después terminarse aquí. Es necesario que cuando regresen a sus lugares de origen encuentren el apoyo y el acompañamiento de su comunidad cristiana y de la diócesis. Es importante que puedan expresar lo que han vivido y han oído y poder concretarlo en hechos concretos. Lo ideal sería que después de una experiencia así, su grado de compromiso en la parroquia y en la diócesis fuese in crescendo.

—Durante el curso, la Delegación organiza distintas propuestas para los jóvenes. La próxima será el Encuentro diocesano del día 24 de febrero en Les Borges del Camp. ¿Qué encontrarán los jóvenes?

Cabe decir que todavía estamos acabando de ultimar los preparativos y la organización del Encuentro. Pero como hemos ido ofreciendo en los últimos años, en este encuentro, que es el principal del curso, encontrarán actividades enfocadas según las franjas de edades. Cabe recordar que este encuentro está enfocado desde preadolescentes de 5º y 6º de Primaria hasta jóvenes, por eso es necesario adaptar bien las actividades según sus edades y necesidades. Habrá actividades más de juego y conocimiento, actividades y momentos de reflexión en grupos reducidos y proclaims, todos ellos dinamizados por algunos miembros del Equipo y animadores. Ésta sería la primera parte del encuentro. A posteriori habrá la eucaristía compartida con todos los participantes y se acabará el encuentro con una cena fraternal.

—¿Qué se puede ofrecer para que los chicos y chicas que terminan la catequesis de primera comunión continúen el camino para crecer como jóvenes cristianos?

Es importante que no se desvinculen de la Parroquia de origen y puedan seguir haciendo catequesis de Edge o algún otro tipo de encuentro adaptado a su edad. Como Delegación hemos tenido también que adaptarnos a los más jóvenes y ofrecer actividades dirigidas a ellos. Es importante que ya vayan asistiendo a las actividades y entren en esta dinámica de la archidiócesis y de su Parroquia, de este modo no hay una ruptura. Hay que poner de manifiesto a las familias que la catequesis de después de la comunión es una continuidad en su formación espiritual, y no entender los sacramentos como hechos puntuales.