Como cada año, desde la Delegación diocesana para la educación —y a lo largo de todo el período de matriculación— invitamos a las familias con hijos e hijas en edad escolar y a los estudiantes de secundaria a marcar la opción por la asignatura de Religión católica en el próximo curso 2024-2025.

Y un año más debemos recordar que la clase de religión no es ningún privilegio de la Iglesia católica —desde 1992 el derecho a recibir enseñanza en la escuela pública es también por los musulmanes, judíos y evangelistas— y que está garantizado tanto por la Constitución en su artículo 27.3 («Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que los hijos reciban la formación religiosa y moral que vaya de acuerdo con sus convicciones»), como por el Estatuto de Autonomía de Cataluña en el artículo 21.2 («Las madres y los padres tienen garantizado, (… ) el derecho que les asiste para que sus hijos y filies reciban la formación religiosa y moral que vaya de acuerdo con sus convicciones en las escuelas de titularidad pública…»).

Y si animamos a las familias y al alumnado a la elección de la asignatura de Religión es porque podemos subrayar su carácter escolar y académico, su aportación específica al desarrollo integral de los alumnos y la articulación de sociedades respetuosas con la diversidad religiosa.

El Papa Francisco lo ha expresado de forma clara:

«Me parece muy importante recordar que la educación integral de los hijos es obligación grave, a la vez que derecho primario de los padres. No es sólo una carga o un peso, sino también un derecho esencial e insustituible que están llamados a defender y que nadie debería pretender quitarlos. El Estado ofrece un servicio educativo de forma subsidiaria, acompañando a la función indelegable de los padres, que tienen derecho a poder elegir con libertad el tipo de educación —accesible y de calidad— que quieran dar a sus hijos según sus convicciones. La escuela no sustituye a los padres, sino que los complementa» (Amoris Laetitia n. 84).

La clase y el profesor de Religión ponen en contacto a los alumnos con saberes que, abiertos a la trascendencia, humanizan, ayudan a construir sociedades respetuosas de la diversidad, saberes que no menosprecian nuestro pasado, que enriquecen la perspectiva del presente y que saben cuál futuro debemos construir.

En palabras de Carmen Velasco, «…aunque no se tenga una práctica de fe, todas las personas tenemos una dimensión religiosa que debemos cultivar. Esto, en países donde la religión no es un problema ideológico, es normal y se trabaja en clase como una de esas «inteligencias múltiples» que están tan en boga».

La inteligencia espiritual, que no es católica ni musulmana ni de ninguna religión, es la capacidad de trascender, admirarse, pensar que, tal vez, las cosas no son sólo como se ven.

¡Otro año las familias y el alumnado de educación secundaria deben decidir!

Si la opción es una escuela de ideario cristiano sabremos que la centralidad de la persona en el proceso educativo, se fundamenta en la permanente novedad del Evangelio que ilumina y transforma todas las dimensiones de lo humano. Si la opción es la escuela pública, la clase de Religión es imprescindible para no dejar huérfanos a nuestros hijos en una dimensión humana básica como es la espiritualidad.

¡Anímate! ¡Ejerce el derecho a una educación completa e integral! ¡La clase de Religión cuenta!

​Rafael Muñoz Melgar, delegado diocesano para la educación
Artículo publicado en la página de Religión del Diari de Tarragona del día 16 de marzo de 2024